viernes, 1 de febrero de 2013

Indignada

Mi hijo mayor acaba de cumplir 6 años ¡Cómo pasa el tiempo! El caso es que ya empieza a tener picardía y, de vez en cuando, intenta colar alguna mentirijilla, sobre todo, si se ha portado regular. Es un niño bueno pero, a veces, busca echar la culpa a otros de lo que le pasa o de lo que hace. En esos momentos estamos, su padre y yo, diciéndole que las mentiras no llevan a ningún sitio y que  hay que asumir las consecuencias de todos nuestros actos (todo esto dicho en un lenguaje que entienda un niño de seis años), pero tengo la sensación de que mi hijo no es el único que tira balones fuera y responsabiliza a otros de lo que sucede. Esto lo digo por todo lo que está sucediendo alrededor con los supuestos sobres que van y vienen llenos de dinero, las supuestas firmas que escriben supuestos artículos a coste de oro, las supuestas apropiaciones de dinero público... y así casos y más casos que nos sorprenden cada día,  nos dejan perplejos y nos demuestran que los escrúpulos no son propiedad de todos. Son varios los que están presuntamente involucrados en estos follones y nadie asume su responsabilidad...hay que esperar a que actúe la Justicia y confío en ella, siempre, pero a veces tarda tanto en hacerse patente...
Mis dudas sobre todo lo que está pasando comienzan cuando leo todas estas informaciones y pienso en cómo han sido educadas estas personas. Yo parto de la base de que no es lo mismo educación que formación y que los títulos académicos no van unidos a una buena educación y tengo varios ejemplos que así lo confirman. Supongo que los progenitores de estos supuestos defraudadores, presuntos estafadores y presumibles blanqueadores intentaron inculcar en sus hijos valores como la honestidad, rectitud, solidaridad y honradez pero, a la vista de los resultados, parece ser que no lo han conseguido. ¿En qué momento esta cadena de buenas intenciones se rompe? ¿En qué momento nos saltamos la educación recibida y nos vamos por el mal camino? Tengo muchas preguntas y pocas respuestas.
Es en estos momentos cuando me indigno y me pregunto ¿Qué educación queremos darles a nuestros hijos? Vemos constantemente estos malos ejemplos, vale que son unos pocos, pero muy visibles, escandalosos y repugnantes. Existe una sensación de impunidad constante de estas personas y parece que nunca van a pagar por el supuesto delito cometido. Basta ya. No quiero una sociedad en la que los malos ganen o sean los que menos pierdan en estas batallas.