A nadie se nos escapa que la política determina nuestras vidas. La política es economía, sanidad, educación, cultura; la política, más bien, las decisiones políticas marcan nuestro presente y nuestro futuro. Y en política pura estamos inmersos estos días. Escribo esta entrada antes de que comience la campaña electoral pero con una pre-campaña que ya se está haciendo muy larga por la constante aparición de los diferentes líderes políticos en lo que parece su nuevo medio natural, la televisión.
Me gusta la política, disfruto analizando la imagen de los candidatos, sus discursos, las campañas y, también, los debates. Cuando realicé mi investigación para obtener la Suficiencia Investigadora, en España no había mucha tradición de debate electoral televisado, éramos raros comparados con otras democracias. En cambio, si realizase mi investigación después de la próxima campaña electoral, tendría mucho más material sobre el que trabajar.
Debatir es sano, necesario y coloca las ideas, los programas y las referencias en su espacio correspondiente. En esta ocasión, además de debates en televisión, tenemos debates en internet y un factor añadido más e interesante, la aparición de los candidatos en formatos televisivos que, hace hace nada, rechazaban. En pocos años, hemos pasado de una mera presencia testimonial de los candidatos en televisión, a verlos en todo tipo de formatos y situaciones. Hemos pasado del poco o nada, al todo. Aquí es donde surgen mis dudas sobre la súper- exposición mediática de los candidatos de los principales partidos políticos.
No hay que remontarse muchos años atrás para comprobar que se ha producido un cambio sustancial respecto a la presencia de los políticos en los medios de comunicación más consumidos. En otras democracias como la de Estados Unidos es más habitual ver a políticos en los programas de televisión, tanto los informativos como los de entretenimiento, pero aquí era extraño hasta hace nada. En cambio, ahora es raro ver una cadena de televisión en la que los candidatos no se paseen por los platós para someterse a preguntas serias y menos serias en las que se habla de programa electoral y de su vida privada casi en la misma dosis. Que conste que me parece bien que los políticos se acerquen a los espacios en los que están los ciudadanos. Si las audiencias determinan que los programas más vistos son los de entretenimiento, ahí deben llegar los políticos con sus programas. Si las audiencias demuestran que al público le gustar ver a sus políticos cantando, tocando la guitarra o ascendiendo un aerogenerador, ahí deben estar los políticos. Pero también deben estar en los espacios en los que los buenos periodistas sin afán de protagonismo, bien formados e informados, desgajen esos programas y permitan que conozcamos qué ofrece cada partido. Ojo, hay tiempo para todo, las precampañas son muy largas, cada vez más. Parece ser que la política ha acogido a la televisión como su medio natural; es una buena combinación pero también puede morir de éxito. El límite que marque el exceso no está claro pero, mientras tanto, debemos apostar por estas fórmulas que nos permiten un acercamiento audiovisual con los candidatos.
Los candidatos son líderes elegidos, más o menos, por sus partidos con la intención de dirigir los designios de este país y, por este motivo, considero que es positivo que se presenten como personas, no solo como políticos. Mis dudas aparecen al analizar esta sobre-exposición televisiva. ¿Se puede producir un efecto rebote? Lo veremos a partir del 21 de diciembre. Espero que a partir de ese día, los candidatos continúen este idilio con la televisión.