Las últimas semanas están siendo de un trabajo frenético para sacar adelante mi tesis doctoral. Este trabajo me está llevando a contactar con personas de mi pasado a las que no había olvidado pero con las que sí había perdido cierto contacto. Volviendo al pasado estoy bien y la adrenalina vuelve a cargarme las pilas para continuar con este proceso de investigación que, en pocos meses, debe empezar a dar sus frutos.
Estos encuentros me están permitiendo charlar con personas muy importantes en un momento muy determinado de mi vida. Estoy hablando, de nuevo, con antiguos compañeros de profesión y maestros que, aunque ellos no lo sepan, me enseñaron mucho sobre mi oficio y mi pasión. La mayoría de los que me leéis y me conocéis, sabéis que adoro la televisión y que las experiencias que viví mientras trabajé en ella fueron muy buenas, casi siempre. Con muchos de ellos aprendí a buscar otro color a la noticia y con otros a saber llevar los momentos complicados del trabajo. Muchos son compañeros, otros amigos.
Este regreso al pasado me está demostrando que los afectos no se pierden, solo permanecen aletargados hasta que los rescatamos y vuelven a nuestro presente, en algunos casos, diría, incluso, que no han perdido intensidad. También diría que los roces surgidos del quehacer diario han dado paso a la sonrisa cuando se recuerdan con el poso de la madurez y la mirada de la experiencia y los años pasados. Cada uno sigue en su espacio, pero hay lugares comunes a los que podemos volver porque forman parte de nuestra experiencia común.
No hace falte que les nombre a todos porque ellos saben quiénes son pero, desde aquí, quiero decir GRACIAS, con mayúsculas, sí, porque me han hecho sentir muy bien y me han recibido como si nunca me hubiera ido.