Tal vez el título de la entrada dé lugar a una lectura errónea. No, no soy perfecta, ni aspiro a serlo; nunca he estado en posesión de la verdad absoluta, he cometido muchos errores, he podido hacer daño, sin intencionalidad manifiesta, a gente que me rodea o me ha rodeado y no me creo con la capacidad suficiente como para tener opinión sobre todos y cada uno de los temas que saltan a la palestra mediática. Sé de lo poco o mucho que he estudiado y tengo grandes maestros que me han enseñado y aún así, sobre lo que sé, disfruto y comparto, siempre hay distintas valoraciones aunque existan realidades honestas. Pero esta entrada viene inspirada por distintas reflexiones que he venido realizando durante estos días.
En los últimos tiempos han surgido voces que parecen iluminadas por la verdad absoluta, si alguien que lea este blog me puede decir cómo se manifiesta, lo agradeceré eternamente. Estas voces son capaces no solo de hablar, sino de opinar y sentar cátedra sobre los temas más peregrinos independientemente de su importancia. Da igual que se hable de aviones, autobuses, astronomía, física cuántica, organización empresarial, política, religión, fútbol, petanca o procesos judiciales que este tipo de personas siempre tiene datos, veraces o no, sobre el tema que surja en ese momento y si no los tienen, siempre acaban diciendo algo demoledor sea justo o injusto. Esta verborrea no la otorga ningún título académico sino que viene incrustada en el ADN de quien se cree tan superior como para juzgar el trabajo de los demás sin conocer tan siquiera en qué consiste, las desdichas o las alegrías ajenas. Habrá quien piense que después de todo lo que he dicho me estoy refiriendo a los tertulianos televisivos, no amigos, se equivocan, la todología es un mal que padecen algunos tertulianos pero cada vez más personas que no son mediáticas.
Me gusta escuchar a los expertos en política, a los expertos en vino, en moda, en cocina, en medicina, me encanta oír hablar a los expertos en medios de comunicación que aportan muchos colores a mi visión de los medios. Pero lo que cada día soporto menos es a quien se considera experto en política, vino, moda, cocina, medicina o medios de comunicación; todo ello al mismo tiempo. Creo que no existe nadie con tanta capacidad intelectual y, si existe, no he tenido todavía el gusto de saber quién es.