Las casualidades forman parte de nuestra existencia. No podemos controlar todos los aspectos de nuestra vida; es en esos momentos cuando el destino, podemos llamarlo así, llama a nuestra puerta y nos deja sorpresas. Estas sorpresas, muchas veces, llegan envueltas con un papel precioso. Cuando abrimos la caja, descubrimos que el regalo, esa casualidad, es una pequeña joya que nos sienta muy bien. Nos la podemos colocar en el cuello, la muñeca o en un dedo de la mano y forma parte de nosotros, de manera inevitable ya. Ganamos y conseguimos una riqueza inmaterial para el resto de nuestros años.
Las casualidades consiguen que estemos en el momento indicado en el sitio apropiado y eso mismo nos ayuda a conseguir los objetivos que nos hayamos marcado. Obviamente, no podemos dejar todo a la casualidad, al destino, también nosotros debemos trabajar por conseguir que llegue ese momento oportuno.
Mientras veía la película de Julio Medem "Los amantes del Círculo Polar" me di cuenta de que estas mismas casualidades son las que provocan que los protagonistas, Otto y Ana, vivan en un continuo desencuentro. En el momento en el que se va a producir el ansiado final feliz, una nueva casualidad, el destino, provoca un fatal desenlace. La silla se queda vacía en el Círculo Polar.
Estos vaivenes que nos llevan y nos traen, nos abrazan y nos dejan desolados, nos dan las herramientas para construir el presente y el futuro de nuestra vida. Solo hay que saber descifrarlos, aprender y seguir en la lucha por llegar a la meta y ser ganadores de nuestra carrera.
sábado, 11 de febrero de 2017
jueves, 9 de febrero de 2017
Corazas
Es inevitable que nos fabriquemos corazas a lo largo de nuestra vida. Corazas para no sufrir; corazas para aparentar lo que no somos; corazas para ofrecernos al mundo; corazas, en definitiva, que nos cubren y nos protegen.
Hay momentos clave para estas corazas. El primero de ellos llega cuando nos desarmamos y jugamos con las manos caídas porque alguien nos desbarata todo aquello que teníamos construido. Es éste un momento complicado porque hay que volver a recolocar las escamas que tanto nos había costado poner fuertes para no sufrir. Se trata de poner la armadura en su lugar, de nuevo, para luchar contra los envites que nos dé el destino y rechazar por miedo a perder, nunca por la posibilidad de ganar.
Otro momento clave para estas corazas es cuando son tan fuertes que no nos permiten sentir, ni padecer nada de lo que sucede alrededor. Por desgracia, hay muchas personas que caminan por la vida sin darse la oportunidad de sentir.
Yo soy de ponerme corazas para evitar daños, esto me ha hecho más fuerte. Pero, a veces, la coraza se resquebraja y, entre las grietas, deja pasar rayos que queman. Tal vez, cuando sea más mayor, más viejita, me quite del todo la coraza porque ya no exista el miedo a sufrir.
Hay momentos clave para estas corazas. El primero de ellos llega cuando nos desarmamos y jugamos con las manos caídas porque alguien nos desbarata todo aquello que teníamos construido. Es éste un momento complicado porque hay que volver a recolocar las escamas que tanto nos había costado poner fuertes para no sufrir. Se trata de poner la armadura en su lugar, de nuevo, para luchar contra los envites que nos dé el destino y rechazar por miedo a perder, nunca por la posibilidad de ganar.
Otro momento clave para estas corazas es cuando son tan fuertes que no nos permiten sentir, ni padecer nada de lo que sucede alrededor. Por desgracia, hay muchas personas que caminan por la vida sin darse la oportunidad de sentir.
Yo soy de ponerme corazas para evitar daños, esto me ha hecho más fuerte. Pero, a veces, la coraza se resquebraja y, entre las grietas, deja pasar rayos que queman. Tal vez, cuando sea más mayor, más viejita, me quite del todo la coraza porque ya no exista el miedo a sufrir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)