jueves, 12 de junio de 2014

Casta

En la entrada anterior del blog hablé de las palabras de moda. Hoy voy a tratar sobre una de ellas: casta.  Esta palabra se ha puesto de moda gracias al uso que ha hecho de ella el líder de Podemos y tengo que decir que no me gusta nada; no me gusta porque creo que no se corresponde con la realidad de todos los políticos, ni de los banqueros, ni de los empresarios y porque el abuso del término ha provocado que me canse de escucharlo.
No creo que todos los políticos formen parte de una casta de intocables totalmente alejados de la realidad. Es cuestión de estadística. Es imposible que el 100% de los políticos sea corrupto o busque solo su beneficio o el del amigo. Me niego a creer que el 100% de los representantes políticos que elegimos sea un estafador de votos. Me cuesta creer que los políticos que dirigen ayuntamientos y diputados, senadores y procuradores  que aman el arte de hacer política, y hay unos cuantos, persigan únicamente su bien y no el bien común y no somos justos si los metemos a todos en el mismo saco. Si no pensase que hay políticos dignos, no votaría. Es más, cuando pienso que un representante público no lo hace bien, le retiro mi confianza sin contemplaciones.
El mismo razonamiento anterior puedo aplicar a los empresarios. Por mera estadística, es imposible que el 100% sean explotadores. A lo largo de mi trayectoria profesional he conocido a muchas personas que han decidido que su sitio estaba al frente de una empresa propia o ajena y he comprobado que muchos días sus jornadas laborales no tenían fin o casi.
Por último y aunque no conozco a banqueros, también me cuesta creer que todos sean horribles personas que son felices cuando ven sufrir a los demás. Es también cuestión de estadística.
Generalizar no es bueno nunca.

martes, 10 de junio de 2014

Palabras

Hay palabras que se las lleva el viento y hay palabras que forman parte de promesas rotas. Hay palabras de moda y palabras viejas. Hay palabras que no son bellas y, en ese caso, el silencio es un recurso válido. Hay palabras que adquieren relevancia en determinados momentos pero que pierden el valor de su significado cuando se utilizan de forma excesiva.
Esta entrada pretende hablar de palabras, de palabras de moda. En las últimas semanas no he estado presente en el blog y buena parte de la culpa la tienen los últimos acontecimientos ocurridos en este tiempo que han puesto de moda unas palabras determinadas.
Palabras como casta y abdicación forman parte ya de nuestra forma de hablar diaria gracias a que se están usando tanto por los protagonistas de la información como por quienes la cuentan.  Según algunos o muchos estamos viviendo un momento histórico; primero por la entrada en el arco parlamentario europeo de Podemos y, segundo, por la abdicación del Rey. No estoy tan convencida de que estemos ante un momento histórico, más bien creo que estamos ante un momento histérico, lleno de nerviosismo o de personas muy nerviosas, en el que la rapidez con la que se suceden los acontecimientos no nos permite analizar con calma las causas de lo que está pasando. Los medios de comunicación, en una sociedad muy marcada por la inmediatez que permiten las nuevas tecnologías, transmite al minuto todo lo que sucede y a nosotros, como consumidores de estos medios, no nos da tiempo a asimilar con claridad todos los conceptos que manejan determinados líderes de opinión. Además, la repetición de las palabras de las que hablaba antes, lo único que puede llegar a generar es  rechazo por hartazgo. Ahora están de moda, veremos qué sucede en los próximos meses. Es más, habrá que ver qué pasa esta misma semana una vez iniciado el Mundial de Brasil, y seguramente introduciremos nuevas palabras en nuestro vocabulario diario.
La sucesión de noticias, la diversidad en la forma de contarlas y la pluralidad de opiniones a la hora de explicar qué está pasando y aventurar sus consecuencias, traslada a la sociedad que consume los medios de comunicación, las formas de hablar de políticos y comunicadores y no siempre son las mejores. Así que más allá de copiar lo que dice o escribe fulanito o menganito, es mejor leer y empezar a utilizar las palabras que forman parte de nuestro rico idioma.