Hace un año, poco más o menos, escribí una entrada con mis deseos para el año 2013. Ahora que está a punto de acabar el año, es el momento de hacer balance y de escribir los propósitos del próximo año. En cuanto al balance, no me voy a quejar. En el terreno profesional estoy descubriendo nuevos caminos que no sé si abrirán nuevas puertas, pero que sí me están ofreciendo perspectivas muy atractivas. En el aspecto personal, estoy plena. A pesar de que, mes a mes, un año puede ser pesado, sinuoso, duro, complicado y a ratos irritante, el año ha sido bueno.
He amado, he llorado, he reído y he sentido dolor por la gente que quiero y que me quiere. He sido amiga y confesora de secretos y de penas porque las experiencias de los demás también me hacen crecer y quiero que mi hombro siga siendo confortable. Me río con las risas de mis hijos y lloro por aquellos que no están; siento pena por los que ya no quieren estar y doy la bienvenida a quienes quieren estar conmigo. A lo largo de estos doce meses he escuchado palabras hirientes, razones desrazonadas y acciones injustificadas que me han provocado enfados, muchos enfados, sobre todo cuando estas cuestiones han hecho daño a la gente que quiero. He conseguido relativizar muchas de ellas y ahora me importan menos que antes.
Para el año nuevo que va a entrar y que ya está pidiendo permiso, solo pido que, si tienen que cambiar las cosas, sea para verlas mejor. Me he propuesto no poner mi voz para dar gritos de guerra o irritar con opiniones fuera de tono a quien me pide una respuesta. Eso no significa que, alguna vez, levante la voz para defender aquello en lo que creo firmemente. Para este año nuevo pido tranquilidad y calma para ver a mis hijos crecer, que nada malo les toque. Y puestos a pedir, pido que todo vaya mejor: salud, sanidad, educación, política, economía, trabajo...Podría pedir miles de deseos, pero todos se pueden resumir en uno: que todo mejore para todos.
martes, 17 de diciembre de 2013
sábado, 16 de noviembre de 2013
Agradecida
Hay días en los que me da por pensar en todo lo que tengo y, es entonces, cuando me reafirmo en que todo está bien, todo está en su sitio y espero que no se mueva. Pero hay desgracias que me conmueven, me arañan y hacen que empatice con quienes han perdido todo lo que han conseguido, ya no está en su sitio, se lo han movido. La situación en nuestro país no es fácil, las bolsas de pobreza aumentan y cada vez más gente ve que sus condiciones de vida han empeorado. Afortunadamente, existen organismos y asociaciones que velan por el bienestar de quienes están sufriendo sustituyendo, de esta manera, la labor que debería cumplir el Estado; en muchos casos las familias o amigos están haciendo el trabajo que debería hacer la Administración central; no es lo correcto pero así estamos.
Pero hay momentos en los que la más triste miseria entra en nuestras vidas, en nuestras casas a través de los medios de comunicación que nos acercan hasta lugares como Filipinas. Esta miseria que nos parece lejana y que no remueve a muchos que ya no sienten la desgracia ajena, nos demuestra cómo en cuestión de minutos se puede perder todo, incluso lo más valioso, la vida. No escribo nada nuevo si hablo de las cifras de muertos, desaparecidos y desplazados que ha originado el último gran tifón que se ha cebado en los más pobres entre los pobres. Muchas personas han perdido lo mucho que tenían que era poco en función de con quién lo comparemos. Miles de personas están pendientes de que la ayuda internacional se distribuya, si es que se puede, porque los trámites burocráticos son tan espesos que la ayuda no llega como debe. Algo tan básico como el agua potable y el arroz, es tan importante para estas personas que su vida depende de que estos alimentos, ahora tan valiosos, lleguen a sus estómagos.
La crudeza que nos ha llegado de la brutalidad de este tifón la está viviendo en primera persona una mujer valiente a la que conozco desde hace meses y que, bien podía haber vuelto a casa, pero ha decidido prolongar su estancia en Filipinas para ayudar, en la medida de sus posibilidades, a paliar el sufrimiento de los filipinos más afectados por la desgracia. Estela me sorprende por su solidaridad, su energía, su calidad y su enorme humanidad. Ella ha pedido ayuda, no para ella, sino para distribuirla entre quién más la necesita. Estas líneas son un homenaje para ella y para todos los que son tan generosos como para dejar un rato su cómoda vida atrás y pensar primero en los demás.
Quien quiera colaborar con Estela para llevar ayuda directa a Filipinas solo tiene que decirlo. Gracias a los de allí y a los de aquí.
Pero hay momentos en los que la más triste miseria entra en nuestras vidas, en nuestras casas a través de los medios de comunicación que nos acercan hasta lugares como Filipinas. Esta miseria que nos parece lejana y que no remueve a muchos que ya no sienten la desgracia ajena, nos demuestra cómo en cuestión de minutos se puede perder todo, incluso lo más valioso, la vida. No escribo nada nuevo si hablo de las cifras de muertos, desaparecidos y desplazados que ha originado el último gran tifón que se ha cebado en los más pobres entre los pobres. Muchas personas han perdido lo mucho que tenían que era poco en función de con quién lo comparemos. Miles de personas están pendientes de que la ayuda internacional se distribuya, si es que se puede, porque los trámites burocráticos son tan espesos que la ayuda no llega como debe. Algo tan básico como el agua potable y el arroz, es tan importante para estas personas que su vida depende de que estos alimentos, ahora tan valiosos, lleguen a sus estómagos.
La crudeza que nos ha llegado de la brutalidad de este tifón la está viviendo en primera persona una mujer valiente a la que conozco desde hace meses y que, bien podía haber vuelto a casa, pero ha decidido prolongar su estancia en Filipinas para ayudar, en la medida de sus posibilidades, a paliar el sufrimiento de los filipinos más afectados por la desgracia. Estela me sorprende por su solidaridad, su energía, su calidad y su enorme humanidad. Ella ha pedido ayuda, no para ella, sino para distribuirla entre quién más la necesita. Estas líneas son un homenaje para ella y para todos los que son tan generosos como para dejar un rato su cómoda vida atrás y pensar primero en los demás.
Quien quiera colaborar con Estela para llevar ayuda directa a Filipinas solo tiene que decirlo. Gracias a los de allí y a los de aquí.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
No al cierre
Ayer fue un mal día para mi profesión, fue un día duro pero no el único en un año, en unos años, en los que estoy viendo desaparecer medios de comunicación y cómo miles de periodistas, técnicos...en definitiva, profesionales de los medios de comunicación, se están quedando sin trabajo.
El caso de Canal Nou es muy grave porque sienta un precedente, da excusas a quienes ven, en esta decisión, el ejemplo a seguir para el cierre de otras televisiones autonómicas o para hacer drásticos recortes de personal en las televisiones públicas en general. Tal vez el error sea de origen, no voy a hacer historia del inicio de las televisiones autonómicas, pero sí que considero que ha existido un error de concepto. No es de recibo que los medios públicos se hayan considerado, salvo excepciones, como elementos al servicio del gobernante de turno que disponía qué se debía emitir y cómo se debía emitir dejando a un lado, en muchos casos, los criterios profesionales. Los medios públicos de comunicación no deben ser instrumentos al servicio de quién gobierna sino que deben ser instrumentos al servicio de los ciudadanos, por eso, porque son públicos y deben ofrecer contenidos que no ofrecen los medios privados, tan legítimos como los primeros, pero que están sujetos a las condiciones del mercado.
Como en otros muchos casos, los trabajadores del Canal Nou están pagando los desaguisados de años de una gestión que no se ha analizado y que, a primera vista, parece que no ha sido la mejor. Ahora no existen responsables, ahora se habla de plantillas sobredimensionadas, pero alguien tuvo que dar permiso para esos incrementos de personal o la compra de derechos de retransmisiones deportivas o para la subcontratación de programas, o para...En fin, nadie va a asumir responsabilidades políticas sobre lo que se ha hecho mal durante los años en los que Canal Nou ha sido un medio de comunicación al servicio de los ciudadanos valencianos, aunque ese servicio estuviese trufado por elementos extraños.
Ahora que se ha producido este cierre, se escucharán voces que indiquen que gracias a este ahorro se financiará la sanidad pública o la educación, un mensaje que calará en la población y que es muy loable si realmente es así. No discuto que este dinero no vaya destinado a estos fines, pero me gustaría ver las cuentas por si acaso. Pero antes de llegar a esta situación ¿No se podría haber arreglado antes?
Unido al cierre de Canal Nou he leído opiniones de profesionales de los medios, no siempre periodistas, a favor de esta decisión del Gobierno valenciano. Es una afirmación que no comparto y que me ha causado pavor porque el cierre de cualquier medio nos deja más huérfanos y porque si cierran esos medios privados también voy a estar triste.
El caso de Canal Nou es muy grave porque sienta un precedente, da excusas a quienes ven, en esta decisión, el ejemplo a seguir para el cierre de otras televisiones autonómicas o para hacer drásticos recortes de personal en las televisiones públicas en general. Tal vez el error sea de origen, no voy a hacer historia del inicio de las televisiones autonómicas, pero sí que considero que ha existido un error de concepto. No es de recibo que los medios públicos se hayan considerado, salvo excepciones, como elementos al servicio del gobernante de turno que disponía qué se debía emitir y cómo se debía emitir dejando a un lado, en muchos casos, los criterios profesionales. Los medios públicos de comunicación no deben ser instrumentos al servicio de quién gobierna sino que deben ser instrumentos al servicio de los ciudadanos, por eso, porque son públicos y deben ofrecer contenidos que no ofrecen los medios privados, tan legítimos como los primeros, pero que están sujetos a las condiciones del mercado.
Como en otros muchos casos, los trabajadores del Canal Nou están pagando los desaguisados de años de una gestión que no se ha analizado y que, a primera vista, parece que no ha sido la mejor. Ahora no existen responsables, ahora se habla de plantillas sobredimensionadas, pero alguien tuvo que dar permiso para esos incrementos de personal o la compra de derechos de retransmisiones deportivas o para la subcontratación de programas, o para...En fin, nadie va a asumir responsabilidades políticas sobre lo que se ha hecho mal durante los años en los que Canal Nou ha sido un medio de comunicación al servicio de los ciudadanos valencianos, aunque ese servicio estuviese trufado por elementos extraños.
Ahora que se ha producido este cierre, se escucharán voces que indiquen que gracias a este ahorro se financiará la sanidad pública o la educación, un mensaje que calará en la población y que es muy loable si realmente es así. No discuto que este dinero no vaya destinado a estos fines, pero me gustaría ver las cuentas por si acaso. Pero antes de llegar a esta situación ¿No se podría haber arreglado antes?
Unido al cierre de Canal Nou he leído opiniones de profesionales de los medios, no siempre periodistas, a favor de esta decisión del Gobierno valenciano. Es una afirmación que no comparto y que me ha causado pavor porque el cierre de cualquier medio nos deja más huérfanos y porque si cierran esos medios privados también voy a estar triste.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Futuro
Si la última entrada fue sobre el pasado al que he tenido y tengo que regresar por trabajo y por amistad, esta entrada la voy a dedicar al futuro. Sí, me olvido del presente, no porque no crea en él sino porque es tan efímero que mientras escribo cada letra ya se ha convertido en pasado. Prefiero centrarme en el futuro.
No pido mucho para el futuro ya que creo que ahora tengo muchas de las cosas con las que soñé hace años. Solo pido que la vida me dé sorpresas como las que me está dando últimamente.
En el futuro espero poder reencontrarme con personas como las que he visto este fin de semana: mis antiguos compañeros de colegio. También forman parte de mi pasado, de mi infancia, pero estoy convencida que, después del encuentro del sábado, van a estar presentes en mi futuro. No es cuestión de contar los años que no he visto a varias de las personas con las que tuve el gusto de disfrutar de un buen día, sino que es cuestión de hablar de experiencias comunes, de personas comunes y de todo lo que nos une y no de lo que nos separa. Afortunadamente, en este caso, el pasado ha hecho un buen trabajo y la madurez ha asomado a nuestras vidas y nos ha dejado un libro lleno de páginas escritas de buenos sentimientos que queremos seguir compartiendo.
Algunos de mis antiguos compañeros/as de colegio forman parte de mi vida cotidiana y a otros les he abierto una puerta nueva porque quiero que formen parte de mi futuro, aunque sea de forma esporádica y si ellos quieren porque, si algo he aprendido también en los últimos meses, es que sé con quiero compartir momentos y con quién no, quién me aporta valor y quién hace que mi tiempo pierda valor.
Así que mi futuro estará lleno de personas que me llenen de sentimientos positivos porque como diría mi abuela: "demasiados problemas nos da ya la vida como para que nos busquemos otros nuevos". He dicho
No pido mucho para el futuro ya que creo que ahora tengo muchas de las cosas con las que soñé hace años. Solo pido que la vida me dé sorpresas como las que me está dando últimamente.
En el futuro espero poder reencontrarme con personas como las que he visto este fin de semana: mis antiguos compañeros de colegio. También forman parte de mi pasado, de mi infancia, pero estoy convencida que, después del encuentro del sábado, van a estar presentes en mi futuro. No es cuestión de contar los años que no he visto a varias de las personas con las que tuve el gusto de disfrutar de un buen día, sino que es cuestión de hablar de experiencias comunes, de personas comunes y de todo lo que nos une y no de lo que nos separa. Afortunadamente, en este caso, el pasado ha hecho un buen trabajo y la madurez ha asomado a nuestras vidas y nos ha dejado un libro lleno de páginas escritas de buenos sentimientos que queremos seguir compartiendo.
Algunos de mis antiguos compañeros/as de colegio forman parte de mi vida cotidiana y a otros les he abierto una puerta nueva porque quiero que formen parte de mi futuro, aunque sea de forma esporádica y si ellos quieren porque, si algo he aprendido también en los últimos meses, es que sé con quiero compartir momentos y con quién no, quién me aporta valor y quién hace que mi tiempo pierda valor.
Así que mi futuro estará lleno de personas que me llenen de sentimientos positivos porque como diría mi abuela: "demasiados problemas nos da ya la vida como para que nos busquemos otros nuevos". He dicho
lunes, 14 de octubre de 2013
Pasado
Las últimas semanas están siendo de un trabajo frenético para sacar adelante mi tesis doctoral. Este trabajo me está llevando a contactar con personas de mi pasado a las que no había olvidado pero con las que sí había perdido cierto contacto. Volviendo al pasado estoy bien y la adrenalina vuelve a cargarme las pilas para continuar con este proceso de investigación que, en pocos meses, debe empezar a dar sus frutos.
Estos encuentros me están permitiendo charlar con personas muy importantes en un momento muy determinado de mi vida. Estoy hablando, de nuevo, con antiguos compañeros de profesión y maestros que, aunque ellos no lo sepan, me enseñaron mucho sobre mi oficio y mi pasión. La mayoría de los que me leéis y me conocéis, sabéis que adoro la televisión y que las experiencias que viví mientras trabajé en ella fueron muy buenas, casi siempre. Con muchos de ellos aprendí a buscar otro color a la noticia y con otros a saber llevar los momentos complicados del trabajo. Muchos son compañeros, otros amigos.
Este regreso al pasado me está demostrando que los afectos no se pierden, solo permanecen aletargados hasta que los rescatamos y vuelven a nuestro presente, en algunos casos, diría, incluso, que no han perdido intensidad. También diría que los roces surgidos del quehacer diario han dado paso a la sonrisa cuando se recuerdan con el poso de la madurez y la mirada de la experiencia y los años pasados. Cada uno sigue en su espacio, pero hay lugares comunes a los que podemos volver porque forman parte de nuestra experiencia común.
No hace falte que les nombre a todos porque ellos saben quiénes son pero, desde aquí, quiero decir GRACIAS, con mayúsculas, sí, porque me han hecho sentir muy bien y me han recibido como si nunca me hubiera ido.
Estos encuentros me están permitiendo charlar con personas muy importantes en un momento muy determinado de mi vida. Estoy hablando, de nuevo, con antiguos compañeros de profesión y maestros que, aunque ellos no lo sepan, me enseñaron mucho sobre mi oficio y mi pasión. La mayoría de los que me leéis y me conocéis, sabéis que adoro la televisión y que las experiencias que viví mientras trabajé en ella fueron muy buenas, casi siempre. Con muchos de ellos aprendí a buscar otro color a la noticia y con otros a saber llevar los momentos complicados del trabajo. Muchos son compañeros, otros amigos.
Este regreso al pasado me está demostrando que los afectos no se pierden, solo permanecen aletargados hasta que los rescatamos y vuelven a nuestro presente, en algunos casos, diría, incluso, que no han perdido intensidad. También diría que los roces surgidos del quehacer diario han dado paso a la sonrisa cuando se recuerdan con el poso de la madurez y la mirada de la experiencia y los años pasados. Cada uno sigue en su espacio, pero hay lugares comunes a los que podemos volver porque forman parte de nuestra experiencia común.
No hace falte que les nombre a todos porque ellos saben quiénes son pero, desde aquí, quiero decir GRACIAS, con mayúsculas, sí, porque me han hecho sentir muy bien y me han recibido como si nunca me hubiera ido.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Hermanas
Esta entrada es muy personal y poco profesional porque va dedicada a unas MUJERES, con mayúsculas, porque son las mejores, con las que he estado recientemente. Ya he escrito en otras entradas que tengo dos hermanos a los que adoro y no hermanas, pero eso no significa que no se pueda querer a quienes entraron en mi vida como compañeras y amigas y a quienes ahora considero como hermanas, lejanas porque no viven tan cerca de mí como yo quisiera, pero que me enseñan y me regañan como si llevásemos la misma sangre por las venas. No hace falta que diga quiénes son porque ellas ya lo saben. Me gusta estar con ellas, hablarlas y cuidarlas en la medida de mi tiempo y mi espacio y ellas lo saben.
La familia viene conformada, no solo por la sangre, sino también por las emociones y momentos compartidos y, sobre todo, por quienes demuestran cercanía en los momentos más difíciles. La familia que he ido agregando a mi sangre en los últimos años, es una familia grande, hermosa por quienes la componen, respetuosa con las decisiones ajenas, amable y afable.
A veces, los sentimientos nos pueden y es el momento de hacerlos salir y compartirlos. Nunca se dice suficientes veces lo que sentimos por quienes nos rodean y es necesario recordarlo para seguir aún más vivos. Desde aquí va un homenaje a mi familia de sangre, ellos saben quiénes son, y a mis hermanas de batallas, charlas y labores.
La familia viene conformada, no solo por la sangre, sino también por las emociones y momentos compartidos y, sobre todo, por quienes demuestran cercanía en los momentos más difíciles. La familia que he ido agregando a mi sangre en los últimos años, es una familia grande, hermosa por quienes la componen, respetuosa con las decisiones ajenas, amable y afable.
A veces, los sentimientos nos pueden y es el momento de hacerlos salir y compartirlos. Nunca se dice suficientes veces lo que sentimos por quienes nos rodean y es necesario recordarlo para seguir aún más vivos. Desde aquí va un homenaje a mi familia de sangre, ellos saben quiénes son, y a mis hermanas de batallas, charlas y labores.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Perfección
Tal vez el título de la entrada dé lugar a una lectura errónea. No, no soy perfecta, ni aspiro a serlo; nunca he estado en posesión de la verdad absoluta, he cometido muchos errores, he podido hacer daño, sin intencionalidad manifiesta, a gente que me rodea o me ha rodeado y no me creo con la capacidad suficiente como para tener opinión sobre todos y cada uno de los temas que saltan a la palestra mediática. Sé de lo poco o mucho que he estudiado y tengo grandes maestros que me han enseñado y aún así, sobre lo que sé, disfruto y comparto, siempre hay distintas valoraciones aunque existan realidades honestas. Pero esta entrada viene inspirada por distintas reflexiones que he venido realizando durante estos días.
En los últimos tiempos han surgido voces que parecen iluminadas por la verdad absoluta, si alguien que lea este blog me puede decir cómo se manifiesta, lo agradeceré eternamente. Estas voces son capaces no solo de hablar, sino de opinar y sentar cátedra sobre los temas más peregrinos independientemente de su importancia. Da igual que se hable de aviones, autobuses, astronomía, física cuántica, organización empresarial, política, religión, fútbol, petanca o procesos judiciales que este tipo de personas siempre tiene datos, veraces o no, sobre el tema que surja en ese momento y si no los tienen, siempre acaban diciendo algo demoledor sea justo o injusto. Esta verborrea no la otorga ningún título académico sino que viene incrustada en el ADN de quien se cree tan superior como para juzgar el trabajo de los demás sin conocer tan siquiera en qué consiste, las desdichas o las alegrías ajenas. Habrá quien piense que después de todo lo que he dicho me estoy refiriendo a los tertulianos televisivos, no amigos, se equivocan, la todología es un mal que padecen algunos tertulianos pero cada vez más personas que no son mediáticas.
Me gusta escuchar a los expertos en política, a los expertos en vino, en moda, en cocina, en medicina, me encanta oír hablar a los expertos en medios de comunicación que aportan muchos colores a mi visión de los medios. Pero lo que cada día soporto menos es a quien se considera experto en política, vino, moda, cocina, medicina o medios de comunicación; todo ello al mismo tiempo. Creo que no existe nadie con tanta capacidad intelectual y, si existe, no he tenido todavía el gusto de saber quién es.
En los últimos tiempos han surgido voces que parecen iluminadas por la verdad absoluta, si alguien que lea este blog me puede decir cómo se manifiesta, lo agradeceré eternamente. Estas voces son capaces no solo de hablar, sino de opinar y sentar cátedra sobre los temas más peregrinos independientemente de su importancia. Da igual que se hable de aviones, autobuses, astronomía, física cuántica, organización empresarial, política, religión, fútbol, petanca o procesos judiciales que este tipo de personas siempre tiene datos, veraces o no, sobre el tema que surja en ese momento y si no los tienen, siempre acaban diciendo algo demoledor sea justo o injusto. Esta verborrea no la otorga ningún título académico sino que viene incrustada en el ADN de quien se cree tan superior como para juzgar el trabajo de los demás sin conocer tan siquiera en qué consiste, las desdichas o las alegrías ajenas. Habrá quien piense que después de todo lo que he dicho me estoy refiriendo a los tertulianos televisivos, no amigos, se equivocan, la todología es un mal que padecen algunos tertulianos pero cada vez más personas que no son mediáticas.
Me gusta escuchar a los expertos en política, a los expertos en vino, en moda, en cocina, en medicina, me encanta oír hablar a los expertos en medios de comunicación que aportan muchos colores a mi visión de los medios. Pero lo que cada día soporto menos es a quien se considera experto en política, vino, moda, cocina, medicina o medios de comunicación; todo ello al mismo tiempo. Creo que no existe nadie con tanta capacidad intelectual y, si existe, no he tenido todavía el gusto de saber quién es.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Rutinas
Bueno, ya estoy aquí, de vuelta a mi rutina diaria que ha dado comienzo con el inicio de la rutina de mis hijos. Atrás han quedado los días de relativo descanso, de relativo trabajo, de lectura apasionada y apasionante, de paseo...los días largos en los que las horas no tienen prisa por llegar. Puedo decir que me siento afortunada, ha sido un verano de nuevas experiencias personales y profesionales, de aprendizajes y de reencuentros físicos y mentales que han dejado poso en mi conciencia. Pero eso pasó y ahora llega el momento de volver a la rutina y...bendita rutina. Creo que es bueno tener un sitio al que volver, poder marcar las pautas diarias en estos días en los que las horas llegan con prisa y la luz va dejando paso a más horas de luna y estrellas.
Sigo diciendo que soy afortunada porque mi rutina no se ha roto; he conseguido volver a ella sin que nada la haya perturbado gravemenete durante estas semanas. Pero sé que hay quien no puede decir lo mismo, sé que hay amigos que han encontrado turbulencias que les obligan a iniciar un nuevo viaje, ya conocido. Sé que hay quien se ha encontrado con obstáculos, disfrazados de buenas noticias, que tendrá que superar si quiere cumplir sus objetivos. También sé que hay quien ha dejado de tener rutinas para siempre. Por esto digo que tengo suerte, pero no es una suerte que me venga regalada, sino que es una suerte que intento trabajar, mantener y defender siempre que puedo; hay cuestiones contra las que no puedo luchar, es inevitable, pero hay otras por las que lucho desde que me levanto.
Ahora que la rutina vuelve a marcar mis días, este humilde blog volverá a tener más entradas que, espero, sigan siendo del gusto de mis grandes lectores.
Gracias
Sigo diciendo que soy afortunada porque mi rutina no se ha roto; he conseguido volver a ella sin que nada la haya perturbado gravemenete durante estas semanas. Pero sé que hay quien no puede decir lo mismo, sé que hay amigos que han encontrado turbulencias que les obligan a iniciar un nuevo viaje, ya conocido. Sé que hay quien se ha encontrado con obstáculos, disfrazados de buenas noticias, que tendrá que superar si quiere cumplir sus objetivos. También sé que hay quien ha dejado de tener rutinas para siempre. Por esto digo que tengo suerte, pero no es una suerte que me venga regalada, sino que es una suerte que intento trabajar, mantener y defender siempre que puedo; hay cuestiones contra las que no puedo luchar, es inevitable, pero hay otras por las que lucho desde que me levanto.
Ahora que la rutina vuelve a marcar mis días, este humilde blog volverá a tener más entradas que, espero, sigan siendo del gusto de mis grandes lectores.
Gracias
miércoles, 17 de julio de 2013
Hermanos
Hace poco más de dos meses, mi hermano pequeño me dio una de las mayores alegrías de mi vida cuando me dijo que iba a publicar su primer libro "Gotas sobre el polvo". Sus nervios se convirtieron en mis nervios y mi inquietud se la desvelo en esta entrada. En mi responsabilidad dejó las líneas que acompañan la contraportada de su primera obra y, puedo asegurar, que fue muy difícil ocultar mi orgullo de hermana mayor para tratar de explicar la clarividencia de su obra. ¿Saldrá bien la impresión? ¿La presentación del libro será correcta? ¿Tendrá buenas críticas esta obra? Un montón de preguntas se agolparon en mi cabeza desde el momento en el que me dio la noticia. Preguntas a las que imaginé mil respuestas, buenas y malas, y que nunca le trasladé porque, en mi rol de hermana con más años y experiencia, me mostré fuerte. Ahora puedo decir que todo fue bien y que la pequeña joya que es "Gotas sobre el Polvo" tiene ya muchos lectores.
Yo soy la mayor de tres hermanos. Tengo dos hermanos que son como mis brazos y mis piernas, mi existencia sería mucho más difícil si no estuvieran ellos. No sé si la vida nos llevará por caminos extraños y dejaremos de tratarnos como hermanos, como pasa en otras familias, pero ya nos hemos encontrado con momentos duros y los hemos sabido solventar con energía y más unidos. La distancia no es el olvido aunque muchos piensen lo contrario. Sé que lo que voy a escribir puede sonar a obviedad pero mis hermanos son buenas personas; no voy a decir que sean perfectos porque no lo somos nadie, pero sí que intentan pasar por la vida sin hacer daño voluntariamente.
Los éxitos en la vida no se miden en casas, coches o dinero sino en el recuerdo que dejas en las personas con las que te cruzas a lo largo de los años y puedo decir que la huella de mis hermanos es inmensa no solo en mí sino en otras muchas personas. Mis hermanos me han venido impuestos por el destino al que doy las gracias por haberlos juntado conmigo.
Yo soy la mayor de tres hermanos. Tengo dos hermanos que son como mis brazos y mis piernas, mi existencia sería mucho más difícil si no estuvieran ellos. No sé si la vida nos llevará por caminos extraños y dejaremos de tratarnos como hermanos, como pasa en otras familias, pero ya nos hemos encontrado con momentos duros y los hemos sabido solventar con energía y más unidos. La distancia no es el olvido aunque muchos piensen lo contrario. Sé que lo que voy a escribir puede sonar a obviedad pero mis hermanos son buenas personas; no voy a decir que sean perfectos porque no lo somos nadie, pero sí que intentan pasar por la vida sin hacer daño voluntariamente.
Los éxitos en la vida no se miden en casas, coches o dinero sino en el recuerdo que dejas en las personas con las que te cruzas a lo largo de los años y puedo decir que la huella de mis hermanos es inmensa no solo en mí sino en otras muchas personas. Mis hermanos me han venido impuestos por el destino al que doy las gracias por haberlos juntado conmigo.
martes, 16 de julio de 2013
Maestros
A lo largo de la vida me he encontrado con personas que han marcado mi camino de forma importante. Hay amores, desamores, amigos y enemigos que, tanto por el bien que me han hecho como por lo que me han enseñado, están muy presentes en mí. Dentro de este capítulo de personas importantes, se encuentran los maestros. A veces, no somos conscientes de la importancia que tienen los maestros en nuestra vida; por norma general, hemos pasado más tiempo con ellos que con nuestra familia y, pocas veces, valoramos su trabajo profesional y cómo pueden influir en nuestra vida.
Hace unos días me encontré con una de mis maestras; el tiempo ha pasado para las dos pero no lo suficiente como para no reconocernos sin dar demasiadas pistas. Esta maestra me dio clases en 5º de E.G.B. y fue importante porque abrió un abanico de experiencias nuevas que, entonces y ahora, me parecieron impactantes. Pero Vicenta no ha sido la única maestra que me ha marcado y debo decir que a los maestros de mi primera formación les recuerdo con más cariño que a los me enseñaron otros conocimientos en el Bachillerato. María Luisa, María Carmen, Vicenta y Abel son personas que recuerdo con especial cariño. Aquellos años de la E.G.B. eran años en los que llamabas a los profesores de Don o Doña e imponían respeto y con solo una mirada podía descifrar lo que esperaban de todos y cada uno de los alumnos en cada momento. Doña María Luisa intentó que yo fuera menos impaciente, aunque debo decir que no lo ha conseguido del todo; Doña María Carmen me demostró lo importante que es hablar, leer y escribir bien, lo mucho que dice de una persona que cometa faltas de ortografía y que no use con corrección el lenguaje; Doña Vicenta rompió los cánones educativos que conocía hasta esos años y Don Abel empezó a hablarnos, a mí y a mis compañeros, como a personas adultas para que pudiéramos entender las consecuencias de nuestras acciones.
Sé que la labor de los maestros no ha sido ni es fácil y que, la mayoría de ellos, intentan valorar a cada alumno con sus propias circunstancias. Así que, desde aquí, solo puedo dar las gracias a mis maestros no solo por los conocimientos que adquirí con ellos, sino también por todas aquellas cosas que me enseñaron y que no están en los libros.
Hace unos días me encontré con una de mis maestras; el tiempo ha pasado para las dos pero no lo suficiente como para no reconocernos sin dar demasiadas pistas. Esta maestra me dio clases en 5º de E.G.B. y fue importante porque abrió un abanico de experiencias nuevas que, entonces y ahora, me parecieron impactantes. Pero Vicenta no ha sido la única maestra que me ha marcado y debo decir que a los maestros de mi primera formación les recuerdo con más cariño que a los me enseñaron otros conocimientos en el Bachillerato. María Luisa, María Carmen, Vicenta y Abel son personas que recuerdo con especial cariño. Aquellos años de la E.G.B. eran años en los que llamabas a los profesores de Don o Doña e imponían respeto y con solo una mirada podía descifrar lo que esperaban de todos y cada uno de los alumnos en cada momento. Doña María Luisa intentó que yo fuera menos impaciente, aunque debo decir que no lo ha conseguido del todo; Doña María Carmen me demostró lo importante que es hablar, leer y escribir bien, lo mucho que dice de una persona que cometa faltas de ortografía y que no use con corrección el lenguaje; Doña Vicenta rompió los cánones educativos que conocía hasta esos años y Don Abel empezó a hablarnos, a mí y a mis compañeros, como a personas adultas para que pudiéramos entender las consecuencias de nuestras acciones.
Sé que la labor de los maestros no ha sido ni es fácil y que, la mayoría de ellos, intentan valorar a cada alumno con sus propias circunstancias. Así que, desde aquí, solo puedo dar las gracias a mis maestros no solo por los conocimientos que adquirí con ellos, sino también por todas aquellas cosas que me enseñaron y que no están en los libros.
miércoles, 10 de julio de 2013
Mi vida con Potlach
Tal vez a más de uno le extrañe esta entrada en el blog; no soy crítica literaria, ni lo pretendo, pero me he encontrado con un libro, una novela, que me ha llenado tanto que he decidido dedicar este espacio a esta obra.
Me considero buena lectora, con capacidad crítica y creo en que hay obras que llegan a nuestras manos en el momento oportuno para removernos y darnos otra visión del mundo. Conocí a Inma Luna en Santander hace ya algunos años y ella me dejó compartir una parte de sus sentimientos y de su obra literaria. El paso de los años nos distanció pero las nuevas tecnologías nos han acercado de nuevo y me he reencontrado con una gran mujer, inquieta, intensa y con una calidad literaria infinita.
Hace unos meses me habló de su primera novela "Mi vida con Potlach", decidí hacerme con ella y arrancarme a la aventura de leer esta obra. "Mi vida con Potlach", más allá de lo que explica Julio Castro, es una novela con unos personajes construidos de forma tierna y dura al mismo tiempo; más de un lector se puede sentir identificado con distintas características de todos los personajes, incluso de Potlach. No voy a desvelar la trama pero tengo que decir que está escrita de forma magistral, buscando las palabras y los giros exactos en cada momento. Sin grandes sorpresas, los personajes evolucionan y van tomando los caminos naturales sin que chirríen sus decisiones, ni resulten extrañas. Pasado y presente se dan la mano, fluyen, confluyen, divergen y emocionan en cada línea.
Hay libros que nos marcan y puedo decir que "Mi vida con Potlach" es uno de esos libros, ha llegado a mi vida en un momento muy concreto y me ha llenado de paz. He sentido mucho terminar este libro que me ha abierto los ojos hacia otras formas y maneras de pensar, sentir y hacer pero sus personajes que quedarán conmigo por mucho tiempo ¿Qué más se puede pedir? Gracias Inma
Me considero buena lectora, con capacidad crítica y creo en que hay obras que llegan a nuestras manos en el momento oportuno para removernos y darnos otra visión del mundo. Conocí a Inma Luna en Santander hace ya algunos años y ella me dejó compartir una parte de sus sentimientos y de su obra literaria. El paso de los años nos distanció pero las nuevas tecnologías nos han acercado de nuevo y me he reencontrado con una gran mujer, inquieta, intensa y con una calidad literaria infinita.
Hace unos meses me habló de su primera novela "Mi vida con Potlach", decidí hacerme con ella y arrancarme a la aventura de leer esta obra. "Mi vida con Potlach", más allá de lo que explica Julio Castro, es una novela con unos personajes construidos de forma tierna y dura al mismo tiempo; más de un lector se puede sentir identificado con distintas características de todos los personajes, incluso de Potlach. No voy a desvelar la trama pero tengo que decir que está escrita de forma magistral, buscando las palabras y los giros exactos en cada momento. Sin grandes sorpresas, los personajes evolucionan y van tomando los caminos naturales sin que chirríen sus decisiones, ni resulten extrañas. Pasado y presente se dan la mano, fluyen, confluyen, divergen y emocionan en cada línea.
Hay libros que nos marcan y puedo decir que "Mi vida con Potlach" es uno de esos libros, ha llegado a mi vida en un momento muy concreto y me ha llenado de paz. He sentido mucho terminar este libro que me ha abierto los ojos hacia otras formas y maneras de pensar, sentir y hacer pero sus personajes que quedarán conmigo por mucho tiempo ¿Qué más se puede pedir? Gracias Inma
jueves, 9 de mayo de 2013
20 años
En octubre se cumplen 20 años de mi llegada a la Universidad, ya he confesado los años que he cumplido, así que no me importa reconocer que ya hace dos décadas de mi llegada al mundo universitario. Estudié en Leioa, en la Universidad del País Vasco, fueron cinco años estupendos, completos, con más luces que sombras y que han marcado buena parte de los años posteriores.
Más allá del aprendizaje académico donde recuerdo a profesores como Florencio Martínez Aguinagalde, Marian González Abrísketa, Kepa Sodupe, Gotzon Toral, Edorta Arana o José Antonio Mingolarra, el aprendizaje personal fue tanto o más importante que el título que obtuve allí. De mi etapa universitaria tengo muy buenos amigos, también colegas que he reencontrado hace pocos meses y que me rejuvenecen cuando hablan de personas y lugares comunes.
Fueron cinco años de experiencias llenas de vida, de amores y desamores; de fiestas y de horas de estudio, de comunas de maquetación en un pequeño piso de estudiantes y de recuerdos que permanecen muy vivos en mi memoria. Todo esto lo llevo conmigo en una pequeña maleta que abro a menudo para recordar cómo era aquella chica, un poco tímida, que llegó a una gran ciudad. En esa maleta, guardo nombres de personas que fueron muy importantes en muchos momentos y que tienen un espacio guardado en mi corazón para siempre. El paso de los años ha mitigado los pequeños sinsabores, esos momentos que parecían graves y que hoy me dibujan una sonrisa al recordarlos; ahora la perspectiva de la madurez hace insignificantes los roces del transcurso de esos días.
Desde hace seis años, una parte de mi vida profesional se desarrolla en la Universidad de Burgos, me veo reflejada en algunos de los chicos que siguen mis clases. Ellos viven experiencias similares a las mías, experiencias que marcarán su presente y su futuro.
Más allá del aprendizaje académico donde recuerdo a profesores como Florencio Martínez Aguinagalde, Marian González Abrísketa, Kepa Sodupe, Gotzon Toral, Edorta Arana o José Antonio Mingolarra, el aprendizaje personal fue tanto o más importante que el título que obtuve allí. De mi etapa universitaria tengo muy buenos amigos, también colegas que he reencontrado hace pocos meses y que me rejuvenecen cuando hablan de personas y lugares comunes.
Fueron cinco años de experiencias llenas de vida, de amores y desamores; de fiestas y de horas de estudio, de comunas de maquetación en un pequeño piso de estudiantes y de recuerdos que permanecen muy vivos en mi memoria. Todo esto lo llevo conmigo en una pequeña maleta que abro a menudo para recordar cómo era aquella chica, un poco tímida, que llegó a una gran ciudad. En esa maleta, guardo nombres de personas que fueron muy importantes en muchos momentos y que tienen un espacio guardado en mi corazón para siempre. El paso de los años ha mitigado los pequeños sinsabores, esos momentos que parecían graves y que hoy me dibujan una sonrisa al recordarlos; ahora la perspectiva de la madurez hace insignificantes los roces del transcurso de esos días.
Desde hace seis años, una parte de mi vida profesional se desarrolla en la Universidad de Burgos, me veo reflejada en algunos de los chicos que siguen mis clases. Ellos viven experiencias similares a las mías, experiencias que marcarán su presente y su futuro.
domingo, 5 de mayo de 2013
Madre
Se acerca el Día de la Madre. Si, lo sé, es un día cargado de un importante componente comercial, pero también es un buen día para acordarnos, más si cabe, de nuestras madres. Mi madre es fundamental en mi vida. Ha sido mi apoyo en los momentos complicados y también es mi apoyo en los momentos felices. Conforme van pasando los años y voy ejerciendo el papel de madre, más recuerdo sus consejos, sus riñas y sus besos. Sí, consejos, riñas y besos porque en eso consiste ser madre.
Poco más voy a decir salvo que espero que mis hijos me quieran tanto como yo quiero a mi madre...y que me quieran bien, sabiendo valorar los buenos y los malos momentos.
Poco más voy a decir salvo que espero que mis hijos me quieran tanto como yo quiero a mi madre...y que me quieran bien, sabiendo valorar los buenos y los malos momentos.
lunes, 29 de abril de 2013
Felicitaciones
Con 38 años y un día ya puedo hacer balance sobre cómo está yendo este año nuevo. Tengo un buen amigo que dice que la noche previa a su cumpleaños es su Nochevieja particular, si sigo su esquema yo ya estoy en mi resaca después del día de Año Nuevo.
Ayer fue un buen día. Me llovieron las felicitaciones. Felicitaciones de mi familia más cercana, de la que he formado yo, de la que me crió y que es todo yo y de la que me acoge a ratos con todo su amor. La familia es importante, la familia que se siente de corazón porque hay otras familias que se llevan en el carné de identidad pero no aman.
También tuve muchas felicitaciones sinceras de personas que me quieren desde hace años. Carolina y Marta forman parte de mi vida desde mi infancia y adolescencia y he vivido con ellas muy buenos momentos, son ya parte de mi familia, de la que he ido forjando a lo largo de mis años. También tengo amigos muy fieles que están conmigo desde hace la friolera de 20 años, desde que empecé la Universidad. Jorge y Estrella son amigos leales. No nos vemos con frecuencia, incluso podemos tardar años en vernos pero nos unen lazos muy fuertes. Yo les adoro y el sentimiento es mutuo. Si hay alguna cosa que no va bien, les llamo, hablamos y me reconfortan. No pueden ser mejores y ayer me hicieron muy feliz. Hay otros amigos a los que he reencontrado en este último año, como Luis, y otras que se han hecho un hueco muy importante en mi corazón porque han estado conmigo en los últimos años, ellas lo saben. También ha habido mensajes emocionantes y emotivos que me han hecho sentir muy bien.
Fue un buen día el de ayer, me sentí muy querida y ya he hecho los propósitos de año nuevo. Más allá de intentar dominar las cada vez más presentes canas, mi objetivo es ser más feliz y este fin pasa por relativizar determinados problemas, poner remedio a lo que, aparentemente, pueda parecer irremediable y ser aún más positiva. Este año va a ser mi año. Así que a trabajar.
Ayer fue un buen día. Me llovieron las felicitaciones. Felicitaciones de mi familia más cercana, de la que he formado yo, de la que me crió y que es todo yo y de la que me acoge a ratos con todo su amor. La familia es importante, la familia que se siente de corazón porque hay otras familias que se llevan en el carné de identidad pero no aman.
También tuve muchas felicitaciones sinceras de personas que me quieren desde hace años. Carolina y Marta forman parte de mi vida desde mi infancia y adolescencia y he vivido con ellas muy buenos momentos, son ya parte de mi familia, de la que he ido forjando a lo largo de mis años. También tengo amigos muy fieles que están conmigo desde hace la friolera de 20 años, desde que empecé la Universidad. Jorge y Estrella son amigos leales. No nos vemos con frecuencia, incluso podemos tardar años en vernos pero nos unen lazos muy fuertes. Yo les adoro y el sentimiento es mutuo. Si hay alguna cosa que no va bien, les llamo, hablamos y me reconfortan. No pueden ser mejores y ayer me hicieron muy feliz. Hay otros amigos a los que he reencontrado en este último año, como Luis, y otras que se han hecho un hueco muy importante en mi corazón porque han estado conmigo en los últimos años, ellas lo saben. También ha habido mensajes emocionantes y emotivos que me han hecho sentir muy bien.
Fue un buen día el de ayer, me sentí muy querida y ya he hecho los propósitos de año nuevo. Más allá de intentar dominar las cada vez más presentes canas, mi objetivo es ser más feliz y este fin pasa por relativizar determinados problemas, poner remedio a lo que, aparentemente, pueda parecer irremediable y ser aún más positiva. Este año va a ser mi año. Así que a trabajar.
jueves, 25 de abril de 2013
38
Me acerco a los 38 años en silencio, poco a poco y casi sin darme cuenta. Habitualmente, los días previos a mi cumpleaños suelo hacer un examen de cómo ha sido el año anterior y éste, pese a todo, no ha sido malo. Sigo feliz, viendo crecer a mis hijos, con trabajo y un poco más madura que en el año anterior. Es lo que tiene cumplir años, analizar lo sucedido y aprender de los errores; se va asumiendo madurez y propósitos de enmienda para no caer en los mismos fallos que en los años anteriores.
Este año he aprendido muchas cosas y también he encontrado en mi camino a personas que hacen que mire el día a día con otros ojos y que me preocupe de lo realmente importante. Así que, desde aquí, sólo me queda dar las gracias a quienes hacen que crezca como persona.
Por otro lado, me he vuelto más crítica y en ocasiones cínica, pero procuro que las críticas no sean destructivas; no me gusta destruir sino construir, así que cuando algo no me gusta, lo digo pero procuro no quedarme sólo en la queja sino que intento aportar ideas para solucionar lo que no me gusta. La mayoría de las veces, estas ideas no sirven de nada porque a quien van dirigidas, no escucha, pero me quedo muy tranquila sabiendo que no me quedo conforme en la pasividad. He de reconocer que soy más dura y que no permito ni una ofensa, por pequeña que sea, hacia las personas que más quiero, así que abstenerse de ello los que lo piensen porque saco las uñas.
Cumplir años es fantástico; tengo una amiga a quien no le gusta porque esto, dice, supone "hacerse mayor". Ay, amiga, esto es la vida: cumplir años, quemar etapas, emprender otras, superar problemas, madurar y dejar de vivir en "los mundos de Yupi". Si no cumplimos años, malo, así que hay que asumir que estamos aquí para vivir y disfrutar de todos y cada uno de los días, dejarnos de tonterías y quién quiera seguir conmigo en el camino que lo haga y quién no que se apee de mi carro.
Este año, echaré de menos a mucha gente que no podrá estar conmigo, algunos porque se han ido para no volver y otros porque la distancia física se lo impide. Aún así, brindaré por los que están y los que no, por los que me quieren y los que no y, sobre todo, brindaré por mí y por un año fantástico.
Este año he aprendido muchas cosas y también he encontrado en mi camino a personas que hacen que mire el día a día con otros ojos y que me preocupe de lo realmente importante. Así que, desde aquí, sólo me queda dar las gracias a quienes hacen que crezca como persona.
Por otro lado, me he vuelto más crítica y en ocasiones cínica, pero procuro que las críticas no sean destructivas; no me gusta destruir sino construir, así que cuando algo no me gusta, lo digo pero procuro no quedarme sólo en la queja sino que intento aportar ideas para solucionar lo que no me gusta. La mayoría de las veces, estas ideas no sirven de nada porque a quien van dirigidas, no escucha, pero me quedo muy tranquila sabiendo que no me quedo conforme en la pasividad. He de reconocer que soy más dura y que no permito ni una ofensa, por pequeña que sea, hacia las personas que más quiero, así que abstenerse de ello los que lo piensen porque saco las uñas.
Cumplir años es fantástico; tengo una amiga a quien no le gusta porque esto, dice, supone "hacerse mayor". Ay, amiga, esto es la vida: cumplir años, quemar etapas, emprender otras, superar problemas, madurar y dejar de vivir en "los mundos de Yupi". Si no cumplimos años, malo, así que hay que asumir que estamos aquí para vivir y disfrutar de todos y cada uno de los días, dejarnos de tonterías y quién quiera seguir conmigo en el camino que lo haga y quién no que se apee de mi carro.
Este año, echaré de menos a mucha gente que no podrá estar conmigo, algunos porque se han ido para no volver y otros porque la distancia física se lo impide. Aún así, brindaré por los que están y los que no, por los que me quieren y los que no y, sobre todo, brindaré por mí y por un año fantástico.
viernes, 8 de marzo de 2013
Mujer
Hoy nos hemos levantado y hemos comenzado por felicitarnos este día 8 de marzo. Es el Día de la Mujer. ¿Es necesario que se celebre este día? Pese a lo que muchos puedan pensar, es imprescindible. Todavía existe mucha desigualdad entre hombres y mujeres no solo en este país sino también en muchos rincones del planeta en los que nacer mujer es una desgracia que capacita al hombre para hacer de ellas lo que se les antoje. Estamos cansadas de escuchar informaciones sobre violaciones a menores y a mayores, sobre el maltrato físico y sicológico que sufren muchas y no hace falta viajar muy lejos para encontrar situaciones dramáticas. Vivimos en un país en el que las cifras de mujeres que sufren violencia de género es muy alta y donde todavía el desarrollo de la maternidad y las perspectivas laborales no son compatibles para muchas, sobre todo, por las limitaciones que ponen muchos hombres para que esto pueda ser una realidad. La igualdad entre hombres y mujeres tiene que empezar siendo una cuestión de educación. No es de recibo educar en la desigualdad en pleno siglo XXI. Mismos derechos porque nacemos iguales y mismas posibilidades de desarrollo personal y profesional.
Ayer leí unas declaraciones que me sorprendieron mucho: "Conciliar nos toca a nosotras mientras ellos se van a ver el fútbol". Es cierto que, hasta ahora, somos nosotras las que realizamos un mayor esfuerzo por conseguir la concicliación, pero no vamos a demonizar a los hombres. Cada vez hay más hombres que persiguen la conciliación y que entienden que la responsabilidad de la crianza de los hijos y del mantenimiento del hogar es compartida. En este sentido, los hombres del siglo XXI se están quitando de encima las telerañas de la educación machista adquirida para educar a sus hijos en igualdad y eliminar esa herencia nefasta.
Existen millones de mujeres que no pueden expresar su pensamiento y son vejadas constantemente, por este motivo, hoy las que podemos hablar no debemos quedar en silencio.
Ayer leí unas declaraciones que me sorprendieron mucho: "Conciliar nos toca a nosotras mientras ellos se van a ver el fútbol". Es cierto que, hasta ahora, somos nosotras las que realizamos un mayor esfuerzo por conseguir la concicliación, pero no vamos a demonizar a los hombres. Cada vez hay más hombres que persiguen la conciliación y que entienden que la responsabilidad de la crianza de los hijos y del mantenimiento del hogar es compartida. En este sentido, los hombres del siglo XXI se están quitando de encima las telerañas de la educación machista adquirida para educar a sus hijos en igualdad y eliminar esa herencia nefasta.
Existen millones de mujeres que no pueden expresar su pensamiento y son vejadas constantemente, por este motivo, hoy las que podemos hablar no debemos quedar en silencio.
lunes, 11 de febrero de 2013
Entrada rápida
Acabo de leer que el Papa anuncia su dimisión. Los mitos se caen. Según he visto publicado desde el año 1415 no se producía una dimisión papal. No sé si hoy muchos se sentirán defraudados, pero no deja de ser una sorpresa monumental y es que no nos podemos fiar ni de las instituciones más tradicionales.
viernes, 1 de febrero de 2013
Indignada
Mi hijo mayor acaba de cumplir 6 años ¡Cómo pasa el tiempo! El caso es que ya empieza a tener picardía y, de vez en cuando, intenta colar alguna mentirijilla, sobre todo, si se ha portado regular. Es un niño bueno pero, a veces, busca echar la culpa a otros de lo que le pasa o de lo que hace. En esos momentos estamos, su padre y yo, diciéndole que las mentiras no llevan a ningún sitio y que hay que asumir las consecuencias de todos nuestros actos (todo esto dicho en un lenguaje que entienda un niño de seis años), pero tengo la sensación de que mi hijo no es el único que tira balones fuera y responsabiliza a otros de lo que sucede. Esto lo digo por todo lo que está sucediendo alrededor con los supuestos sobres que van y vienen llenos de dinero, las supuestas firmas que escriben supuestos artículos a coste de oro, las supuestas apropiaciones de dinero público... y así casos y más casos que nos sorprenden cada día, nos dejan perplejos y nos demuestran que los escrúpulos no son propiedad de todos. Son varios los que están presuntamente involucrados en estos follones y nadie asume su responsabilidad...hay que esperar a que actúe la Justicia y confío en ella, siempre, pero a veces tarda tanto en hacerse patente...
Mis dudas sobre todo lo que está pasando comienzan cuando leo todas estas informaciones y pienso en cómo han sido educadas estas personas. Yo parto de la base de que no es lo mismo educación que formación y que los títulos académicos no van unidos a una buena educación y tengo varios ejemplos que así lo confirman. Supongo que los progenitores de estos supuestos defraudadores, presuntos estafadores y presumibles blanqueadores intentaron inculcar en sus hijos valores como la honestidad, rectitud, solidaridad y honradez pero, a la vista de los resultados, parece ser que no lo han conseguido. ¿En qué momento esta cadena de buenas intenciones se rompe? ¿En qué momento nos saltamos la educación recibida y nos vamos por el mal camino? Tengo muchas preguntas y pocas respuestas.
Es en estos momentos cuando me indigno y me pregunto ¿Qué educación queremos darles a nuestros hijos? Vemos constantemente estos malos ejemplos, vale que son unos pocos, pero muy visibles, escandalosos y repugnantes. Existe una sensación de impunidad constante de estas personas y parece que nunca van a pagar por el supuesto delito cometido. Basta ya. No quiero una sociedad en la que los malos ganen o sean los que menos pierdan en estas batallas.
Mis dudas sobre todo lo que está pasando comienzan cuando leo todas estas informaciones y pienso en cómo han sido educadas estas personas. Yo parto de la base de que no es lo mismo educación que formación y que los títulos académicos no van unidos a una buena educación y tengo varios ejemplos que así lo confirman. Supongo que los progenitores de estos supuestos defraudadores, presuntos estafadores y presumibles blanqueadores intentaron inculcar en sus hijos valores como la honestidad, rectitud, solidaridad y honradez pero, a la vista de los resultados, parece ser que no lo han conseguido. ¿En qué momento esta cadena de buenas intenciones se rompe? ¿En qué momento nos saltamos la educación recibida y nos vamos por el mal camino? Tengo muchas preguntas y pocas respuestas.
Es en estos momentos cuando me indigno y me pregunto ¿Qué educación queremos darles a nuestros hijos? Vemos constantemente estos malos ejemplos, vale que son unos pocos, pero muy visibles, escandalosos y repugnantes. Existe una sensación de impunidad constante de estas personas y parece que nunca van a pagar por el supuesto delito cometido. Basta ya. No quiero una sociedad en la que los malos ganen o sean los que menos pierdan en estas batallas.
lunes, 21 de enero de 2013
Rural
Buena parte de mi vida la he pasado en un pueblo, mi pueblo. Los avatares del destino me han llevado a vivir en distintos sitios hasta llegar a mi actual lugar de residencia pero, todos los veranos, paso largas temporadas en mi pueblo porque quiero que mis hijos sepan lo que es estar en un pueblo, pasear por el campo y estar en contacto con el entorno natural. Además, los afectos me mantienen muy atada a mi tierra.
Durante estos años, he visto cómo el pueblo, no sólo el mío, sino otros muchos, han variado, han cambiado su imagen, pero también los han hecho cambiar. Esta reflexión viene motivada por los últimos cambios que está habiendo en la reorganización de la asistencia sanitaria que está habiendo en muchos pueblos. No se pueden hacer los cambios pensando sólo en los números y dejando de lado a las personas; unas personas que en el entorno rural cuentan con mayores dificultados de desplazamiento que en las zonas urbanas, con unas vías de comunicación que no son siempre las mejores y con unos medios de locomoción que no poseen en muchos casos. La asistencia sanitaria tiene que pensar en personas con nombre y apellidos y no en un balance de resultados basado en el recorte. Ojo, soy la primera que pienso que hay cosas que se hacen mal y que pueden existir abusos pero no deben pagar los que lo hacen bien por la avaricia o el mal uso que hacen unos pocos.
Me asusta pensar que los pueblos se vayan apagando porque se reduce la asistencia sanitaria, se cierran escuelas...porque eso conlleva que los vecinos huyan de la tierra a la que aman porque ya no les ofrece servicios y eso deriva en la despoblación que, por cierto, se suponen que intentan evitar algunos políticos, al menos, en sus programas electorales.
No tengo la solución en mi mano, tampoco nadie ha pedido mi opinión pero desde este humilde blog me gustaría que se pensara en las personas que viven en los pueblos, que se hable con ellos antes de tomar decisiones que les van a afectar directamente.
Durante estos años, he visto cómo el pueblo, no sólo el mío, sino otros muchos, han variado, han cambiado su imagen, pero también los han hecho cambiar. Esta reflexión viene motivada por los últimos cambios que está habiendo en la reorganización de la asistencia sanitaria que está habiendo en muchos pueblos. No se pueden hacer los cambios pensando sólo en los números y dejando de lado a las personas; unas personas que en el entorno rural cuentan con mayores dificultados de desplazamiento que en las zonas urbanas, con unas vías de comunicación que no son siempre las mejores y con unos medios de locomoción que no poseen en muchos casos. La asistencia sanitaria tiene que pensar en personas con nombre y apellidos y no en un balance de resultados basado en el recorte. Ojo, soy la primera que pienso que hay cosas que se hacen mal y que pueden existir abusos pero no deben pagar los que lo hacen bien por la avaricia o el mal uso que hacen unos pocos.
Me asusta pensar que los pueblos se vayan apagando porque se reduce la asistencia sanitaria, se cierran escuelas...porque eso conlleva que los vecinos huyan de la tierra a la que aman porque ya no les ofrece servicios y eso deriva en la despoblación que, por cierto, se suponen que intentan evitar algunos políticos, al menos, en sus programas electorales.
No tengo la solución en mi mano, tampoco nadie ha pedido mi opinión pero desde este humilde blog me gustaría que se pensara en las personas que viven en los pueblos, que se hable con ellos antes de tomar decisiones que les van a afectar directamente.
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