viernes, 21 de febrero de 2014

Causas

No están siendo días fáciles, las noticias se agolpan en la puerta de mis ojos y no puedo dejar de ver imágenes impactantes. No tengo casi palabras. Digo casi porque siempre hay alguna para describir el horror de los errores humanos, el dolor de caras anónimas que vagan en distintas partes del globo buscando, persiguiendo justicia, un techo en el que cobijarse y curar heridas del cuerpo y del alma.
Pero si acerco mi mirada a lo cercano y a lo cotidiano, a lo más local, también hay momentos en los que se descomponen paisajes antes brillantes.
Me gustaría preguntar, encontrar respuestas satisfactorias a mis dudas, respuestas a las causas del dolor, del odio, de la intranquilidad, del miedo a lo conocido y a lo lejano. Muchas veces encuentro esas respuestas en las voces y las caras conocidas de aquellos que se sientan en una silla alejada de la superficie de la tierra en la que viven y dictan normas que nos dejan con el cuerpo encogido ante su decisión.
En los momentos de más cabreo escribo y encuentro consuelo en las palabras que se juntan ante mí como por parte de magia y me recuerdan que la esperanza, la alegría y el optimismo son estados que escribimos cada uno de nosotros cada día. No quisiera  dejar esta entrada sin acordarme de todos aquellos que luchan diariamente por seguir aquí, con su vida y participando de otras vidas. Brindo también por mí porque pese a todo, no he dejado de reír y de hacer un guiño al día de mañana.