Si en la última entrada hablaba de la pasión como motor para moverme por esta vida un poco caótica, ahora quiero hablar de un verbo que practico cada día para intentar ser mejor persona. Este verbo es aprender. Aprendo cada día en mi relación de pareja, afortunadamente, la vida es muy fácil junto a mi chico. Aprendo cada día con cada uno de mis hijos. Con el mayor aprendo a crecer con él, a cuidarle; el aprendizaje es mutuo, yo aprendo sobre dinosaurios y sobre juegos que quedaría mal, aquí, no nombrar correctamente. Creo que su aprendizaje también es bueno, sobre todo, cuando veo que, sin tener todavía una década, dice con rotundidad: "Mi hermana y yo somos iguales". Con la pequeña el aprendizaje es distinto porque es un torbellino, aunque con las ideas muy claras, y deja huella por donde pasa. El caso es que el aprendizaje lo considero como una herramienta fundamental en mi vida.
También aprendo de las nuevas personas que se acercan a mi vida y me enseñan a conocerme un poco mejor; a buscar en mi interior, y a sacar lo mejor de mí. Este año ha sido duro pero, en estos últimos meses, han llegado hasta mí diferentes personas con pedacitos de ángel en el corazón que me están ayudando a crecer aún más.
Si el aprendizaje es importante en la faceta personal, también lo es en el aspecto profesional. En mi profesión es fundamental la formación continua porque la información se transforma y las distintas formas de comunicación evolucionan constantemente. En este proceso me encuentro inmersa en este momento.
Aprender nos enseña a pensar y pensar nos hace libres para volar, para crecer, para ser.
sábado, 3 de diciembre de 2016
viernes, 2 de diciembre de 2016
Pasión
Quien me conoce sabe que si hay una palabra que me puede definir es: pasión. Siento pasión por mi familia; siento pasión por los/las buenos/as amigos/as que me lo demuestran cada día y siento pasión por mi trabajo. Si tengo mi faceta familiar, la de todos los afectos, tranquila, me puedo centrar y usar buena parte de mi energía en el trabajo. Sí, siento pasión por mi trabajo, por mi profesión y por los retos que se presentan siempre llenos de detalles por descubrir, de gente a la que conocer y de metas a las que llegar. Pequeños grandes proyectos que llevan impreso el periodismo y la comunicación. A veces queda mal decir que a una, quien escribe, le gusta su trabajo; no todo el mundo tiene la misma visión de lo laboral. Siempre he pensado que soy una privilegiada por encontrar satisfacción en el trabajo. Intento compaginar el tiempo de trabajo con el descanso pero, cuando hay etapas en las que el trabajo se amontona, quito horas al sueño para cerrar proyectos y abrir nuevas puertas. Y no me pesa.
Seguro que hay quien se pregunta si esto es compatible con la vida familiar, para mí, sí. Mi pasión por el trabajo no me quita tiempo para estar con quien quiero. Querer es poder y, afortunadamente, quiero y puedo estar con mi familia y puedo y quiero a mi trabajo.
Solo me queda dar las gracias a quien me permite aportar pasión a la familia, al trabajo, a la vida.
Seguro que hay quien se pregunta si esto es compatible con la vida familiar, para mí, sí. Mi pasión por el trabajo no me quita tiempo para estar con quien quiero. Querer es poder y, afortunadamente, quiero y puedo estar con mi familia y puedo y quiero a mi trabajo.
Solo me queda dar las gracias a quien me permite aportar pasión a la familia, al trabajo, a la vida.
lunes, 22 de agosto de 2016
Guerreras
Bueno, una vez acabados los Juegos Olímpicos de Río y viendo que en el medallero español han caído 17 nuevas medallas voy a dar mi opinión sobre lo visto y oído estos días. Primero, destacar que el fútbol no ha sido olímpico en esta ocasión, lo que es indicativo de que hay más vida dentro del deporte y que, en esos otros deportes que ocupan poco espacio en los medios, hay mucho talento tal y como se ha demostrado estos días. En segundo lugar, decir que el éxito del deporte español ha sido más femenino que masculino. Sí, ellas han ganado más medallas que ellos, 9 sobre 8, pero estoy segura de que sus éxitos no van a tener tanta repercusión en el futuro como los de ellos. No tendríamos que medir en cuestión de género el éxito pero el oscurantismo al que se somete el papel de la mujer en el deporte y el lenguaje que se utiliza me lleva a ello. Al hilo de estas medallas del deporte femenino, es penoso descubrir que muchos no consideran que ellas sean capaces por sí solas de conseguir estos logros; están apoyadas o respaldadas, siempre, por entrenadores y preparadores. En el caso de los éxitos masculinos, en pocos casos sale a relucir quién es su entrenador e incluso su éxito se produce "pese" a sus entrenadores o seleccionadores. Qué pena da este doble rasero.
Este tratamiento puede venir de la actitud paternalista de quien considera que el esfuerzo deportivo de ellas es de menor valor que el de ellos porque mueve mucho menos dinero o porque hay menos negocio alrededor de sus éxitos. En el cambio sobre este tratamiento los medios de comunicación podrían tener mucho que decir pero qué podemos esperar de los medios especializados en deporte cuando alguno de ellos cosifica a las mujeres en su contraportada. Estos medios están pensados para hombres, sin pensar que hay mujeres a las que nos gusta el deporte e imágenes de ese tipo nos ha alejado de su consumo.
El deporte no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos y hay muchas cosas por cambiar todavía.
Este tratamiento puede venir de la actitud paternalista de quien considera que el esfuerzo deportivo de ellas es de menor valor que el de ellos porque mueve mucho menos dinero o porque hay menos negocio alrededor de sus éxitos. En el cambio sobre este tratamiento los medios de comunicación podrían tener mucho que decir pero qué podemos esperar de los medios especializados en deporte cuando alguno de ellos cosifica a las mujeres en su contraportada. Estos medios están pensados para hombres, sin pensar que hay mujeres a las que nos gusta el deporte e imágenes de ese tipo nos ha alejado de su consumo.
El deporte no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos y hay muchas cosas por cambiar todavía.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Política
Quien me conoce sabe que una parte de mi actividad investigadora se basa en el análisis de los debates electorales y de los discursos políticos. Esta entrada no es para hablar de la situación política en España, no es mi objetivo, entre otras cosas porque todavía estoy analizando el último debate electoral previo al 26-J; se trata más bien de una entrada para decir que voy a echar de menos a los Obama.
Sí, en el momento en el que Barack y Michelle Obama dejen la Casa Blanca voy a echar de menos sus discursos, su expresión verbal, su forma de emplear su cuerpo para apoyar su discurso y su participación en distintos formatos televisivos para hacer llegar su mensaje y nunca o casi nunca quedan mal, saben decir lo indicado en cada espacio, en cada formato, sin miedo a meter la pata. No nos equivoquemos, dejan su mensaje en todas sus apariciones públicas porque lo tienen tan interiorizado que no suena raro escuchar hablar a los Obama de educación fuera del contexto meramente político, o ver a Michelle cavando en su huerto urbano para explicar lo sano que es comer fruta y verdura. La convención demócrata que ha confirmado a Hillary Clinton como candidata de este partido al gobierno de los Estados Unidos ha vuelto a poner de manifiesto que este matrimonio tiene encanto, un encanto especial que les acompaña y les hace tener seguidores fieles.
No me corresponde a mí evaluar las consecuencias económicas y sociales del gobierno de Barack Obama en la sociedad de su país, pero sí es cierto que han mostrado unas habilidades sociales desconocidas hasta ahora para el gran público y para los que se dedican a la política que están propiciando una nueva forma de hacer política o, al menos, de intentarlo. Dudo que el estilo Obama cale con la misma intensidad en otro país que no sean los Estados Unidos.
Uno de los secretos de su éxito, bajo mi humilde opinión, es que creen firmemente en lo que están diciendo en cada momento. Ambos son conscientes de que todo lo que dicen y hacen está bajo una lupa del tamaño de todo el globo terráqueo, por este motivo, es tan importante creer en lo que uno/una está haciendo y diciendo. Si a esto unimos un lenguaje verbal que conecta con el público porque usa registros muy parecidos, a una mirada que transmite sinceridad y convicción y a una empatía poco habitual en quienes gobiernan o pretenden gobernar, encontramos al matrimonio político casi perfecto y digo casi porque la perfección es muy difícil o imposible de lograr.
Hasta noviembre no sabremos quién será el nuevo inquilino/a de la Casa Blanca pero estoy segura que ninguno de los dos candidatos me va a gustar tanto como los Obama.
Sí, en el momento en el que Barack y Michelle Obama dejen la Casa Blanca voy a echar de menos sus discursos, su expresión verbal, su forma de emplear su cuerpo para apoyar su discurso y su participación en distintos formatos televisivos para hacer llegar su mensaje y nunca o casi nunca quedan mal, saben decir lo indicado en cada espacio, en cada formato, sin miedo a meter la pata. No nos equivoquemos, dejan su mensaje en todas sus apariciones públicas porque lo tienen tan interiorizado que no suena raro escuchar hablar a los Obama de educación fuera del contexto meramente político, o ver a Michelle cavando en su huerto urbano para explicar lo sano que es comer fruta y verdura. La convención demócrata que ha confirmado a Hillary Clinton como candidata de este partido al gobierno de los Estados Unidos ha vuelto a poner de manifiesto que este matrimonio tiene encanto, un encanto especial que les acompaña y les hace tener seguidores fieles.
No me corresponde a mí evaluar las consecuencias económicas y sociales del gobierno de Barack Obama en la sociedad de su país, pero sí es cierto que han mostrado unas habilidades sociales desconocidas hasta ahora para el gran público y para los que se dedican a la política que están propiciando una nueva forma de hacer política o, al menos, de intentarlo. Dudo que el estilo Obama cale con la misma intensidad en otro país que no sean los Estados Unidos.
Uno de los secretos de su éxito, bajo mi humilde opinión, es que creen firmemente en lo que están diciendo en cada momento. Ambos son conscientes de que todo lo que dicen y hacen está bajo una lupa del tamaño de todo el globo terráqueo, por este motivo, es tan importante creer en lo que uno/una está haciendo y diciendo. Si a esto unimos un lenguaje verbal que conecta con el público porque usa registros muy parecidos, a una mirada que transmite sinceridad y convicción y a una empatía poco habitual en quienes gobiernan o pretenden gobernar, encontramos al matrimonio político casi perfecto y digo casi porque la perfección es muy difícil o imposible de lograr.
Hasta noviembre no sabremos quién será el nuevo inquilino/a de la Casa Blanca pero estoy segura que ninguno de los dos candidatos me va a gustar tanto como los Obama.
lunes, 1 de agosto de 2016
Príncipes
Si la entrada anterior la dediqué a la posibilidad de que las niñas se conviertan en princesas, en ésta quiero defender el derecho de los niños y los hombres a no ser príncipes. Aunque creemos que estamos en una sociedad cada vez más igualitaria, es habitual escuchar a progenitores indicando a sus hijos varones que no lloren y que jueguen al fútbol o a videojuegos. A esto no ayuda la visión estereotipada que ofrecen películas y series en las que ellos siguen siendo los valientes que salvan a las mujeres de las situaciones más conflictivas; las dan una vida cómoda o son los héroes que, eso sí, acompañados de una bella dama, solucionan todos los problemas del mundo.
Hay quien se ampara en la superioridad de la fuerza física de muchos hombres para educar a buena parte del género como protectores, lo que les dota de una armadura que no les ofrece la posibilidad de mostrarse sensibles y afectados por lo que les rodea. Hay que decirles a ellos que no tienen que ser los príncipes que algunas mujeres esperan y que muchas de nosotras no queremos que nos protejan, tan solo que nos respeten y nos quieran como iguales. Cuando se consiga precisamente esto, el respeto y el amor en igualdad, tal vez consigamos acabar con las desigualdades y el machismo que tanto daño causa.
Hay quien se ampara en la superioridad de la fuerza física de muchos hombres para educar a buena parte del género como protectores, lo que les dota de una armadura que no les ofrece la posibilidad de mostrarse sensibles y afectados por lo que les rodea. Hay que decirles a ellos que no tienen que ser los príncipes que algunas mujeres esperan y que muchas de nosotras no queremos que nos protejan, tan solo que nos respeten y nos quieran como iguales. Cuando se consiga precisamente esto, el respeto y el amor en igualdad, tal vez consigamos acabar con las desigualdades y el machismo que tanto daño causa.
lunes, 25 de julio de 2016
Princesas
Como bien sabéis, tengo dos hijos: un niño y una niña. Son muy distintos pero, en el fondo, se parecen más de lo ellos mismos creen. Procuramos educarles con las mismas normas y los mismos valores pero, a veces, es inevitable dejarnos llevar por el medio ambiente social, mediático y cultural que nos rodea. Mi hija creo que es la única niña de su entorno que ha visto la película Frozen hasta hace un par de días, aunque tiene una camiseta de las famosas hermanas. No le gustan mucho las películas animadas de princesas aunque conoce a todas. Le encanta jugar con su muñeca Martina y también disfruta aprendiendo cosas de dinosaurios que le enseña su hermano o jugando al fútbol que, por cierto y aunque me pueda el amor de madre, lo hace mejor que muchos chicos.
Esta entrada va de princesas. No quiero coartar la infancia de mi hija y decirle que no vea películas de princesas o de falsas heroínas, pero no me gustaría crear en ella la ilusión de que el mundo que reflejan estas princesas es el real. Quiero que sea una mujer libre que no tenga que depender emocional o económicamente de nadie para ser feliz. Quiero que se vista, peine y coma como ella quiera y no como le sugiera o le imponga nadie. Quiero que sea la mujer que quiera ser, no la que le ofrezca la ficción.
Esta entrada va de princesas. No quiero coartar la infancia de mi hija y decirle que no vea películas de princesas o de falsas heroínas, pero no me gustaría crear en ella la ilusión de que el mundo que reflejan estas princesas es el real. Quiero que sea una mujer libre que no tenga que depender emocional o económicamente de nadie para ser feliz. Quiero que se vista, peine y coma como ella quiera y no como le sugiera o le imponga nadie. Quiero que sea la mujer que quiera ser, no la que le ofrezca la ficción.
jueves, 21 de julio de 2016
Pesados
A raíz de una información sobre unas declaraciones de la actriz Jennifer Aniston y su no maternidad, tengo que decir que todos, en general, somos muy pesados. Pesados cuando llegados a los 17 empezamos a preguntar a los adolescentes sobre qué quieren hacer con su futuro. Pesados cuando, rondando la treintena, comenzamos a preguntar a los más cercanos si va a haber boda. Pesados cuando también, rondando la treintena, cuestionamos a los/las demás sobre si ya han pensado en ser padres o madres y para cuándo. Si son padres y madres preguntamos por todo: desde si han optado por la lactancia materna o artifical, por el colecho, hasta el colegio elegido para sus vástagos. Si no son padres y madres la siguiente cuestión es el por qué de esa situación. Supongo que estas preguntas se pueden deber a una inercia social que nos lleva a saber todo de otros y, con sus respuestas, reafirmar que nuestra vida no está nada mal, que es buena, y que lo que se sale de esa norma, no está correcta.
Pues bien, desde este humilde blog quiero defender la libertad tanto para ejercer la maternidad como la no maternidad de las mujeres. La maternidad es una opción, no una obligación, para las mujeres; muy pocos se cuestionan la no paternidad. Pero también es necesario reconocer que la maternidad aporta unos valores añadidos que se pueden traducir en aspectos sociales y económicos para el global de la población. Esto no significa que el hecho de ser mujer conlleve la obligatoriedad de ser madre. Por lo tanto, creo que no deberíamos juzgar la opción de las demás mujeres, de la misma forma que pido que nadie juzgue la mía, ni lo que ha aportado a mi vida.
Ser madre o no, ser padre o no, no debería ser objeto de debate en ningún ámbito, ni familiar, ni laboral, ni social.
Pues bien, desde este humilde blog quiero defender la libertad tanto para ejercer la maternidad como la no maternidad de las mujeres. La maternidad es una opción, no una obligación, para las mujeres; muy pocos se cuestionan la no paternidad. Pero también es necesario reconocer que la maternidad aporta unos valores añadidos que se pueden traducir en aspectos sociales y económicos para el global de la población. Esto no significa que el hecho de ser mujer conlleve la obligatoriedad de ser madre. Por lo tanto, creo que no deberíamos juzgar la opción de las demás mujeres, de la misma forma que pido que nadie juzgue la mía, ni lo que ha aportado a mi vida.
Ser madre o no, ser padre o no, no debería ser objeto de debate en ningún ámbito, ni familiar, ni laboral, ni social.
viernes, 29 de enero de 2016
Maternidad
Hoy hace 9 años que nació mi hijo mayor. Recuerdo los nervios, la incertidumbre...desconocía cuáles eran los términos del contrato que estaba a punto de firmar con mi hijo. Era la primera vez que me enfrentaba a un reto de esa magnitud. Tuve muy buen embarazo y el parto me asustaba lo justo, unas horas y se pasaba, pero lo más complicado sabía que venía después. ¿Cómo sería la lactancia? ¿Cómo sería cuidar a un niño? Sabía que en este camino mi marido y yo no estábamos solos, las abuelas y el resto de la familia nos convertimos en un todo. Todas las preguntas, las miles de preguntas que me planteaba antes de tenerle en mis brazos, fueron teniendo respuesta poco a poco, sin prisa, se fueron sucediendo con continuidad y él ayudó mucho. Marcó pautas de cómo le gustaban las cosas, de cómo quería hablar y andar y su sonrisa fue determinante para ayudarme a paliar el dolor por la muerte de mi padre.
Ahora que cumple años, tengo que decirle que sigo aprendiendo a ser madre porque tanto él como su hermana me plantean nuevos retos cada día. Es un niño feliz y sano, lleno de energía, con una imaginación desbordante y con una pasión que guía su presente y, tal vez, su futuro.
Sé que no soy una madre perfecta y que mis hijos notan mis ausencias laborales, aunque intento que sean lo más cortas posibles, pero también hoy puedo decir que no podría entender mi vida sin ellos que son el sol que me alumbra cada día y me da calor.
Ahora que cumple años, tengo que decirle que sigo aprendiendo a ser madre porque tanto él como su hermana me plantean nuevos retos cada día. Es un niño feliz y sano, lleno de energía, con una imaginación desbordante y con una pasión que guía su presente y, tal vez, su futuro.
Sé que no soy una madre perfecta y que mis hijos notan mis ausencias laborales, aunque intento que sean lo más cortas posibles, pero también hoy puedo decir que no podría entender mi vida sin ellos que son el sol que me alumbra cada día y me da calor.
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