miércoles, 25 de enero de 2017

Sumar

Desde que nacemos sumamos y restamos. No, no empezamos a hacer matemáticas en el colegio. Empezamos antes cuando, desde muy pequeños, elegimos A o B, un amigo/a u otro/a, comer lentejas o no, fresas o cerezas... Todo suma o resta, según nos beneficie más. Así transcurre toda nuestra vida. Cada elección supone sumar o restar algo a nuestra existencia: estudiar o trabajar, tener pareja, hijos, peligro o estabilidad, juego o no. Y, a cada cual, estos factores le suman o restan de una forma diferente, no hay operaciones exactas, perfectas, todo es según el color con el que miremos el resultado final.
Mi suma no es perfecta. Si yo no lo soy, por lógica, mi vida tampoco. A lo largo de los años he aprendido a añadir a mi cuenta particular aquello que haga que mi suma crezca para bien. Obviamente, también me he equivocado y me he flagelado mucho por esos errores, pero estos mismos errores son los que me han enseñado a tomar, creo, mejores decisiones. Sumo a mi vida personas de las que puedo aprender a ser mejor y resto, porque también resto, las emociones que no me aportan nada bueno.
Últimamente estoy sumando más que restando y me gusta lo que sumo. No me gusta tanto lo que resto porque me ha causado dolor, pero ya está.
Ahora sumo reencuentros, pasiones, tranquilidad, sabor, trabajo, núcleos y vida, mucha vida. Se trata de eso, de vivir con corazón y cabeza y sentir.