jueves, 9 de mayo de 2013

20 años

En octubre se cumplen 20 años de mi llegada a la Universidad, ya he confesado los años que he cumplido, así que no me importa reconocer que ya hace dos décadas de mi llegada al mundo universitario. Estudié en Leioa, en la Universidad del País Vasco, fueron cinco años estupendos, completos, con más luces que sombras y que han marcado buena parte de los años posteriores.
Más allá del aprendizaje académico donde recuerdo a profesores como Florencio Martínez Aguinagalde, Marian González Abrísketa, Kepa Sodupe, Gotzon Toral, Edorta Arana o José Antonio Mingolarra, el aprendizaje personal fue tanto o más importante que el título que obtuve allí. De mi etapa universitaria tengo muy buenos amigos, también colegas que he reencontrado hace pocos meses y que me rejuvenecen cuando hablan de personas y lugares comunes.
Fueron cinco años de experiencias llenas de vida, de amores y desamores; de fiestas y de horas de estudio, de comunas de maquetación en un pequeño piso de estudiantes y de recuerdos que permanecen muy vivos en mi memoria. Todo esto lo llevo conmigo en una pequeña maleta que abro a menudo para recordar cómo era aquella chica, un poco tímida, que llegó a una gran ciudad. En esa maleta, guardo  nombres de personas que fueron muy importantes en muchos momentos y que tienen un espacio guardado en mi corazón para siempre. El paso de los años ha mitigado los pequeños sinsabores, esos momentos que parecían graves y que hoy me dibujan una sonrisa al recordarlos; ahora la perspectiva de la madurez hace insignificantes los roces del transcurso de esos días.
Desde hace seis años, una parte de mi vida profesional se desarrolla en la Universidad de Burgos, me veo reflejada en algunos de los chicos que siguen mis clases. Ellos viven experiencias similares a las mías, experiencias que marcarán su presente y su futuro.

domingo, 5 de mayo de 2013

Madre

Se acerca el Día de la Madre. Si, lo sé, es un día cargado de un importante componente comercial, pero también es un buen día para acordarnos, más si cabe, de nuestras madres. Mi madre es fundamental en mi vida. Ha sido mi apoyo en los momentos complicados y también es mi apoyo en los momentos felices. Conforme van pasando los años y voy ejerciendo el papel de madre, más recuerdo sus consejos, sus riñas y sus besos. Sí, consejos, riñas y besos porque en eso consiste ser madre.
Poco más voy a decir salvo que espero que mis hijos me quieran tanto como yo quiero a mi madre...y que me quieran bien, sabiendo valorar los buenos y los malos momentos.