lunes, 24 de abril de 2017

42

A cuatro días de cumplir 42 años es el momento de hacer balance. Ha sido un año difícil, más largo de lo que pueden parecer 365 días. La intensidad ha marcado muchas semanas en las que las decisiones se han antojado complicadas, pero aquí estoy, no diré que soy más sabia, pero sí sé afrontar los problemas y las vicisitudes del camino de otra forma. El aprendizaje intenso que me están dejando los 41 años me va a servir para encarar los inconvenientes que se presenten el próximo año. Como todos los años, ha habido personas que se han presentado, bienvenidas, en mi vida y aportan tantas cosas buenas que me ayudan a crecer, mucho, como persona.
Ante mí se presenta un año bonito, con muchos planes a los que enfrentarme y nuevos retos muy interesantes y, espero, lleno de bonitas sorpresas. Aunque las canas pueblen mi pelo, nunca voy a ser más joven que ahora, así que el día 28 será día de fiesta grande. Brindo por un año pleno.

sábado, 11 de febrero de 2017

Casualidades

Las casualidades forman parte de nuestra existencia. No podemos controlar todos los aspectos de nuestra vida; es en esos momentos cuando el destino, podemos llamarlo así, llama a nuestra puerta y nos deja sorpresas. Estas sorpresas, muchas veces, llegan envueltas con un papel precioso. Cuando abrimos la caja, descubrimos que el regalo, esa casualidad, es una pequeña joya que nos sienta muy bien. Nos la podemos colocar en el cuello, la muñeca o en un dedo de la mano y forma parte de nosotros, de manera inevitable ya. Ganamos y conseguimos una riqueza inmaterial para el resto de nuestros años.
Las casualidades consiguen que estemos en el momento indicado en el sitio apropiado y eso mismo nos ayuda a conseguir los objetivos que nos hayamos marcado. Obviamente, no podemos dejar todo a la casualidad, al destino, también nosotros debemos trabajar por conseguir que llegue ese momento oportuno.
Mientras veía la película de Julio Medem "Los amantes del Círculo Polar" me di cuenta de que estas mismas casualidades son las que provocan que los protagonistas, Otto y Ana, vivan en un continuo desencuentro. En el momento en el que se va a producir el ansiado final feliz, una nueva casualidad, el destino, provoca un fatal desenlace. La silla se queda vacía en el Círculo Polar.
Estos vaivenes que nos llevan y nos traen, nos abrazan y nos dejan desolados, nos dan las herramientas para construir el presente y el futuro de nuestra vida. Solo hay que saber descifrarlos, aprender y seguir en la lucha por llegar a la meta y ser ganadores de nuestra carrera.

jueves, 9 de febrero de 2017

Corazas

Es inevitable que nos fabriquemos corazas a lo largo de nuestra vida. Corazas para no sufrir; corazas para aparentar lo que no somos; corazas para ofrecernos al mundo; corazas, en definitiva, que nos cubren y nos protegen.
Hay momentos clave para estas corazas. El primero de ellos llega cuando nos desarmamos y jugamos con las manos caídas porque alguien nos desbarata todo aquello que teníamos construido. Es éste un momento complicado porque hay que volver a recolocar las escamas que tanto nos había costado poner fuertes para no sufrir. Se trata de poner la armadura en su lugar, de nuevo, para luchar contra los envites que nos dé el destino y rechazar por miedo a perder, nunca por la posibilidad de ganar.
Otro momento clave para estas corazas es cuando son tan fuertes que no nos permiten sentir, ni padecer nada de lo que sucede alrededor. Por desgracia, hay muchas personas que caminan por la vida sin darse la oportunidad de sentir.
Yo soy de ponerme corazas para evitar daños, esto me ha hecho más fuerte. Pero, a veces, la coraza se resquebraja y, entre las grietas, deja pasar rayos que queman. Tal vez, cuando sea más mayor, más viejita, me quite del todo la coraza porque ya no exista el miedo a sufrir.

miércoles, 25 de enero de 2017

Sumar

Desde que nacemos sumamos y restamos. No, no empezamos a hacer matemáticas en el colegio. Empezamos antes cuando, desde muy pequeños, elegimos A o B, un amigo/a u otro/a, comer lentejas o no, fresas o cerezas... Todo suma o resta, según nos beneficie más. Así transcurre toda nuestra vida. Cada elección supone sumar o restar algo a nuestra existencia: estudiar o trabajar, tener pareja, hijos, peligro o estabilidad, juego o no. Y, a cada cual, estos factores le suman o restan de una forma diferente, no hay operaciones exactas, perfectas, todo es según el color con el que miremos el resultado final.
Mi suma no es perfecta. Si yo no lo soy, por lógica, mi vida tampoco. A lo largo de los años he aprendido a añadir a mi cuenta particular aquello que haga que mi suma crezca para bien. Obviamente, también me he equivocado y me he flagelado mucho por esos errores, pero estos mismos errores son los que me han enseñado a tomar, creo, mejores decisiones. Sumo a mi vida personas de las que puedo aprender a ser mejor y resto, porque también resto, las emociones que no me aportan nada bueno.
Últimamente estoy sumando más que restando y me gusta lo que sumo. No me gusta tanto lo que resto porque me ha causado dolor, pero ya está.
Ahora sumo reencuentros, pasiones, tranquilidad, sabor, trabajo, núcleos y vida, mucha vida. Se trata de eso, de vivir con corazón y cabeza y sentir.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Aprender

Si en la última entrada hablaba de la pasión como motor para moverme por esta vida un poco caótica, ahora quiero hablar de un verbo que practico cada día para intentar ser mejor persona. Este verbo es aprender. Aprendo cada día en mi relación de pareja, afortunadamente, la vida es muy fácil junto a mi chico. Aprendo cada día con cada uno de mis hijos. Con el mayor aprendo a crecer con él, a cuidarle; el aprendizaje es mutuo, yo aprendo sobre dinosaurios y sobre juegos que quedaría mal, aquí, no nombrar correctamente. Creo que su aprendizaje también es bueno, sobre todo, cuando veo que, sin tener todavía una década, dice con rotundidad: "Mi hermana y yo somos iguales". Con la pequeña el aprendizaje es distinto porque es un torbellino, aunque con las ideas muy claras, y deja huella por donde pasa. El caso es que el aprendizaje lo considero como una herramienta fundamental en mi vida.
También aprendo de las nuevas personas que se acercan a mi vida y me enseñan a conocerme un poco mejor; a buscar en mi interior, y a sacar lo mejor de mí. Este año ha sido duro pero, en estos últimos meses, han llegado hasta mí diferentes personas con pedacitos de ángel en el corazón que me están ayudando a crecer aún más.
Si el aprendizaje es importante en la faceta personal, también lo es en el aspecto profesional. En mi profesión es fundamental la formación continua porque la información se transforma y las distintas formas de comunicación evolucionan constantemente. En este proceso me encuentro inmersa en este momento.
Aprender nos enseña a pensar y pensar nos hace libres para volar, para crecer, para ser.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Pasión

Quien me conoce sabe que si hay una palabra que me puede definir es: pasión. Siento pasión por mi familia; siento pasión por los/las buenos/as amigos/as que me lo demuestran cada día y siento pasión por mi trabajo. Si tengo mi faceta familiar, la de todos los afectos, tranquila, me puedo centrar y usar buena parte de mi energía en el trabajo. Sí, siento pasión por mi trabajo, por mi profesión y por los retos que se presentan siempre llenos de detalles por descubrir, de gente a la que conocer y de metas a las que llegar. Pequeños grandes proyectos que llevan impreso el periodismo y la comunicación. A veces queda mal decir que a una, quien escribe, le gusta su trabajo; no todo el mundo tiene la misma visión de lo laboral. Siempre he pensado que soy una privilegiada por encontrar satisfacción en el trabajo. Intento compaginar el tiempo de trabajo con el descanso pero, cuando hay etapas en las que el trabajo se amontona, quito horas al sueño para cerrar proyectos y abrir nuevas puertas. Y no me pesa.
Seguro que hay quien se pregunta si esto es compatible con la vida familiar, para mí, sí. Mi pasión por el trabajo no me quita tiempo para estar con quien quiero. Querer es poder y, afortunadamente, quiero y puedo estar con mi familia y puedo y quiero a mi trabajo.
Solo me queda dar las gracias a quien me permite aportar pasión a la familia, al trabajo, a la vida.

lunes, 22 de agosto de 2016

Guerreras

Bueno, una vez acabados los Juegos Olímpicos de Río y viendo que en el medallero español han caído 17 nuevas medallas voy a dar mi opinión sobre lo visto y oído estos días. Primero, destacar que el fútbol no ha sido olímpico en esta ocasión, lo que es indicativo de que hay más vida dentro del deporte y que, en esos otros deportes que ocupan poco espacio en los medios, hay mucho talento tal y como se ha demostrado estos días. En segundo lugar, decir que el éxito del deporte español ha sido más femenino que masculino. Sí, ellas han ganado más medallas que ellos, 9 sobre 8, pero estoy segura de que sus éxitos no van a tener tanta repercusión en el futuro como los de ellos. No tendríamos que medir en cuestión de género el éxito pero el oscurantismo al que se somete el papel de la mujer en el deporte y el lenguaje que se utiliza me lleva a ello. Al hilo de estas medallas del deporte femenino, es penoso descubrir que muchos no consideran que ellas sean capaces por sí solas de conseguir estos logros; están apoyadas o respaldadas, siempre, por entrenadores y preparadores. En el caso de los éxitos masculinos, en  pocos casos sale a relucir quién es su entrenador e incluso su éxito se produce "pese" a sus entrenadores o seleccionadores. Qué pena da este doble rasero.
Este tratamiento puede venir de la actitud paternalista de quien considera que el esfuerzo deportivo de ellas es de menor valor que el de ellos porque mueve mucho menos dinero o porque hay menos negocio alrededor de sus éxitos. En el cambio sobre este tratamiento los medios de comunicación podrían tener mucho que decir pero qué podemos esperar de los medios especializados en deporte cuando alguno de ellos cosifica a las mujeres en su contraportada. Estos medios están pensados para hombres, sin pensar que hay mujeres a las que nos gusta el deporte e imágenes de ese tipo nos ha alejado de su consumo.
El deporte no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos y hay muchas cosas por cambiar todavía.