sábado, 3 de diciembre de 2016

Aprender

Si en la última entrada hablaba de la pasión como motor para moverme por esta vida un poco caótica, ahora quiero hablar de un verbo que practico cada día para intentar ser mejor persona. Este verbo es aprender. Aprendo cada día en mi relación de pareja, afortunadamente, la vida es muy fácil junto a mi chico. Aprendo cada día con cada uno de mis hijos. Con el mayor aprendo a crecer con él, a cuidarle; el aprendizaje es mutuo, yo aprendo sobre dinosaurios y sobre juegos que quedaría mal, aquí, no nombrar correctamente. Creo que su aprendizaje también es bueno, sobre todo, cuando veo que, sin tener todavía una década, dice con rotundidad: "Mi hermana y yo somos iguales". Con la pequeña el aprendizaje es distinto porque es un torbellino, aunque con las ideas muy claras, y deja huella por donde pasa. El caso es que el aprendizaje lo considero como una herramienta fundamental en mi vida.
También aprendo de las nuevas personas que se acercan a mi vida y me enseñan a conocerme un poco mejor; a buscar en mi interior, y a sacar lo mejor de mí. Este año ha sido duro pero, en estos últimos meses, han llegado hasta mí diferentes personas con pedacitos de ángel en el corazón que me están ayudando a crecer aún más.
Si el aprendizaje es importante en la faceta personal, también lo es en el aspecto profesional. En mi profesión es fundamental la formación continua porque la información se transforma y las distintas formas de comunicación evolucionan constantemente. En este proceso me encuentro inmersa en este momento.
Aprender nos enseña a pensar y pensar nos hace libres para volar, para crecer, para ser.

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