miércoles, 17 de julio de 2013

Hermanos

Hace poco más de dos meses, mi hermano pequeño me dio una de las mayores alegrías de mi vida cuando me dijo que iba a publicar su primer libro "Gotas sobre el polvo". Sus nervios se convirtieron en mis nervios y mi inquietud se la desvelo en esta entrada. En mi responsabilidad dejó las líneas que acompañan la contraportada de su primera obra y, puedo asegurar, que fue muy difícil ocultar mi orgullo de hermana mayor para tratar de explicar la clarividencia de su obra. ¿Saldrá bien la impresión? ¿La presentación del libro será correcta? ¿Tendrá buenas críticas esta obra? Un montón de preguntas se agolparon en mi cabeza desde el momento en el que me dio la noticia. Preguntas a las que imaginé mil respuestas, buenas y malas, y que nunca le trasladé porque, en mi rol de hermana con más años y experiencia, me mostré fuerte. Ahora puedo decir que todo fue bien y que la pequeña joya que es "Gotas sobre el Polvo" tiene ya muchos lectores.
Yo soy la mayor de tres hermanos. Tengo dos hermanos que son como mis brazos y mis piernas, mi existencia sería mucho más difícil si no estuvieran ellos. No sé si la vida nos llevará por caminos extraños y dejaremos de tratarnos como hermanos, como pasa en otras familias, pero ya nos hemos encontrado con momentos duros y los hemos sabido solventar con energía y más unidos. La distancia no es el olvido aunque muchos piensen lo contrario. Sé que lo que voy a escribir puede sonar a obviedad pero mis hermanos son buenas personas; no voy a decir que sean perfectos porque no lo somos nadie, pero sí que intentan pasar por la vida sin hacer daño voluntariamente.
Los éxitos en la vida no se miden en casas, coches o dinero sino en el recuerdo que dejas en las personas con las que te cruzas a lo largo de los años y puedo decir que la huella de mis hermanos es inmensa no solo en mí sino en otras muchas personas. Mis hermanos me han venido impuestos por el destino al que doy las gracias por haberlos juntado conmigo.

martes, 16 de julio de 2013

Maestros

A lo largo de la vida me he encontrado con personas que han marcado mi camino de forma importante. Hay amores, desamores, amigos y enemigos que, tanto por el bien que me han hecho como por lo que me han enseñado, están muy presentes en mí. Dentro de este capítulo de personas importantes, se encuentran los maestros. A veces, no somos conscientes de la importancia que tienen los maestros en nuestra vida; por norma general, hemos pasado más tiempo con ellos que con nuestra familia y, pocas veces, valoramos su trabajo profesional y cómo pueden influir en nuestra vida.
Hace unos días me encontré con una de mis maestras; el tiempo ha pasado para las dos pero no lo suficiente como para no reconocernos sin dar demasiadas pistas. Esta maestra me dio clases en 5º de E.G.B. y fue importante porque abrió un abanico de experiencias nuevas que, entonces y ahora, me parecieron impactantes. Pero Vicenta no ha sido la única maestra que me ha marcado y debo decir que a los maestros de mi primera formación les recuerdo con más cariño que a los me enseñaron otros conocimientos en el Bachillerato. María Luisa, María Carmen, Vicenta y Abel son personas que recuerdo con especial cariño. Aquellos años de la E.G.B. eran años en los que llamabas a los profesores de Don o Doña e imponían respeto y con solo una mirada podía descifrar lo que esperaban de todos y cada uno de los alumnos en cada momento. Doña María Luisa intentó que yo fuera menos impaciente, aunque debo decir que no lo ha conseguido del todo; Doña María Carmen me demostró lo importante que es hablar, leer y escribir bien, lo mucho que dice de una persona que cometa faltas de ortografía y que no use con corrección el lenguaje; Doña Vicenta rompió los cánones educativos que conocía hasta esos años y Don Abel empezó a hablarnos, a mí y a mis compañeros, como a personas adultas para que pudiéramos entender las consecuencias de nuestras acciones.
Sé que la labor de los maestros no ha sido ni es fácil y que, la mayoría de ellos, intentan valorar a cada alumno con sus propias circunstancias. Así que, desde aquí, solo puedo dar las gracias a mis maestros no solo por los conocimientos que adquirí con ellos, sino también por todas aquellas cosas que me enseñaron y que no están en los libros.