martes, 16 de julio de 2013

Maestros

A lo largo de la vida me he encontrado con personas que han marcado mi camino de forma importante. Hay amores, desamores, amigos y enemigos que, tanto por el bien que me han hecho como por lo que me han enseñado, están muy presentes en mí. Dentro de este capítulo de personas importantes, se encuentran los maestros. A veces, no somos conscientes de la importancia que tienen los maestros en nuestra vida; por norma general, hemos pasado más tiempo con ellos que con nuestra familia y, pocas veces, valoramos su trabajo profesional y cómo pueden influir en nuestra vida.
Hace unos días me encontré con una de mis maestras; el tiempo ha pasado para las dos pero no lo suficiente como para no reconocernos sin dar demasiadas pistas. Esta maestra me dio clases en 5º de E.G.B. y fue importante porque abrió un abanico de experiencias nuevas que, entonces y ahora, me parecieron impactantes. Pero Vicenta no ha sido la única maestra que me ha marcado y debo decir que a los maestros de mi primera formación les recuerdo con más cariño que a los me enseñaron otros conocimientos en el Bachillerato. María Luisa, María Carmen, Vicenta y Abel son personas que recuerdo con especial cariño. Aquellos años de la E.G.B. eran años en los que llamabas a los profesores de Don o Doña e imponían respeto y con solo una mirada podía descifrar lo que esperaban de todos y cada uno de los alumnos en cada momento. Doña María Luisa intentó que yo fuera menos impaciente, aunque debo decir que no lo ha conseguido del todo; Doña María Carmen me demostró lo importante que es hablar, leer y escribir bien, lo mucho que dice de una persona que cometa faltas de ortografía y que no use con corrección el lenguaje; Doña Vicenta rompió los cánones educativos que conocía hasta esos años y Don Abel empezó a hablarnos, a mí y a mis compañeros, como a personas adultas para que pudiéramos entender las consecuencias de nuestras acciones.
Sé que la labor de los maestros no ha sido ni es fácil y que, la mayoría de ellos, intentan valorar a cada alumno con sus propias circunstancias. Así que, desde aquí, solo puedo dar las gracias a mis maestros no solo por los conocimientos que adquirí con ellos, sino también por todas aquellas cosas que me enseñaron y que no están en los libros.


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