Quien me conoce sabe que una parte de mi actividad investigadora se basa en el análisis de los debates electorales y de los discursos políticos. Esta entrada no es para hablar de la situación política en España, no es mi objetivo, entre otras cosas porque todavía estoy analizando el último debate electoral previo al 26-J; se trata más bien de una entrada para decir que voy a echar de menos a los Obama.
Sí, en el momento en el que Barack y Michelle Obama dejen la Casa Blanca voy a echar de menos sus discursos, su expresión verbal, su forma de emplear su cuerpo para apoyar su discurso y su participación en distintos formatos televisivos para hacer llegar su mensaje y nunca o casi nunca quedan mal, saben decir lo indicado en cada espacio, en cada formato, sin miedo a meter la pata. No nos equivoquemos, dejan su mensaje en todas sus apariciones públicas porque lo tienen tan interiorizado que no suena raro escuchar hablar a los Obama de educación fuera del contexto meramente político, o ver a Michelle cavando en su huerto urbano para explicar lo sano que es comer fruta y verdura. La convención demócrata que ha confirmado a Hillary Clinton como candidata de este partido al gobierno de los Estados Unidos ha vuelto a poner de manifiesto que este matrimonio tiene encanto, un encanto especial que les acompaña y les hace tener seguidores fieles.
No me corresponde a mí evaluar las consecuencias económicas y sociales del gobierno de Barack Obama en la sociedad de su país, pero sí es cierto que han mostrado unas habilidades sociales desconocidas hasta ahora para el gran público y para los que se dedican a la política que están propiciando una nueva forma de hacer política o, al menos, de intentarlo. Dudo que el estilo Obama cale con la misma intensidad en otro país que no sean los Estados Unidos.
Uno de los secretos de su éxito, bajo mi humilde opinión, es que creen firmemente en lo que están diciendo en cada momento. Ambos son conscientes de que todo lo que dicen y hacen está bajo una lupa del tamaño de todo el globo terráqueo, por este motivo, es tan importante creer en lo que uno/una está haciendo y diciendo. Si a esto unimos un lenguaje verbal que conecta con el público porque usa registros muy parecidos, a una mirada que transmite sinceridad y convicción y a una empatía poco habitual en quienes gobiernan o pretenden gobernar, encontramos al matrimonio político casi perfecto y digo casi porque la perfección es muy difícil o imposible de lograr.
Hasta noviembre no sabremos quién será el nuevo inquilino/a de la Casa Blanca pero estoy segura que ninguno de los dos candidatos me va a gustar tanto como los Obama.
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