viernes, 29 de enero de 2016

Maternidad

Hoy hace 9 años que nació mi hijo mayor. Recuerdo los nervios, la incertidumbre...desconocía cuáles eran los términos del contrato que estaba a punto de firmar con mi hijo. Era la primera vez que me enfrentaba a un reto de esa magnitud. Tuve muy buen embarazo y el parto me asustaba lo justo, unas horas y se pasaba, pero lo más complicado sabía que venía después. ¿Cómo sería la lactancia? ¿Cómo sería cuidar a un niño? Sabía que en este camino mi marido y yo no estábamos solos, las abuelas y el resto de la familia nos convertimos en un todo. Todas las preguntas, las miles de preguntas que me planteaba antes de tenerle en mis brazos, fueron teniendo respuesta poco a poco, sin prisa, se fueron sucediendo con continuidad y él ayudó mucho. Marcó pautas de cómo le gustaban las cosas, de cómo quería hablar y andar y su sonrisa fue determinante para ayudarme a paliar el dolor por la muerte de mi padre.
Ahora que cumple años, tengo que decirle que sigo aprendiendo a ser madre porque tanto él como su hermana me plantean nuevos retos cada día. Es un niño feliz y sano, lleno de energía, con una imaginación desbordante y con una pasión que guía su presente y, tal vez, su futuro.
Sé que no soy una madre perfecta y que mis hijos notan mis ausencias laborales, aunque intento que sean lo más cortas posibles, pero también hoy puedo decir que no podría entender mi vida sin ellos que son el sol que me alumbra cada día y me da calor.

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