Buena parte de mi vida la he pasado en un pueblo, mi pueblo. Los avatares del destino me han llevado a vivir en distintos sitios hasta llegar a mi actual lugar de residencia pero, todos los veranos, paso largas temporadas en mi pueblo porque quiero que mis hijos sepan lo que es estar en un pueblo, pasear por el campo y estar en contacto con el entorno natural. Además, los afectos me mantienen muy atada a mi tierra.
Durante estos años, he visto cómo el pueblo, no sólo el mío, sino otros muchos, han variado, han cambiado su imagen, pero también los han hecho cambiar. Esta reflexión viene motivada por los últimos cambios que está habiendo en la reorganización de la asistencia sanitaria que está habiendo en muchos pueblos. No se pueden hacer los cambios pensando sólo en los números y dejando de lado a las personas; unas personas que en el entorno rural cuentan con mayores dificultados de desplazamiento que en las zonas urbanas, con unas vías de comunicación que no son siempre las mejores y con unos medios de locomoción que no poseen en muchos casos. La asistencia sanitaria tiene que pensar en personas con nombre y apellidos y no en un balance de resultados basado en el recorte. Ojo, soy la primera que pienso que hay cosas que se hacen mal y que pueden existir abusos pero no deben pagar los que lo hacen bien por la avaricia o el mal uso que hacen unos pocos.
Me asusta pensar que los pueblos se vayan apagando porque se reduce la asistencia sanitaria, se cierran escuelas...porque eso conlleva que los vecinos huyan de la tierra a la que aman porque ya no les ofrece servicios y eso deriva en la despoblación que, por cierto, se suponen que intentan evitar algunos políticos, al menos, en sus programas electorales.
No tengo la solución en mi mano, tampoco nadie ha pedido mi opinión pero desde este humilde blog me gustaría que se pensara en las personas que viven en los pueblos, que se hable con ellos antes de tomar decisiones que les van a afectar directamente.
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