Hoy nos hemos levantado y hemos comenzado por felicitarnos este día 8 de marzo. Es el Día de la Mujer. ¿Es necesario que se celebre este día? Pese a lo que muchos puedan pensar, es imprescindible. Todavía existe mucha desigualdad entre hombres y mujeres no solo en este país sino también en muchos rincones del planeta en los que nacer mujer es una desgracia que capacita al hombre para hacer de ellas lo que se les antoje. Estamos cansadas de escuchar informaciones sobre violaciones a menores y a mayores, sobre el maltrato físico y sicológico que sufren muchas y no hace falta viajar muy lejos para encontrar situaciones dramáticas. Vivimos en un país en el que las cifras de mujeres que sufren violencia de género es muy alta y donde todavía el desarrollo de la maternidad y las perspectivas laborales no son compatibles para muchas, sobre todo, por las limitaciones que ponen muchos hombres para que esto pueda ser una realidad. La igualdad entre hombres y mujeres tiene que empezar siendo una cuestión de educación. No es de recibo educar en la desigualdad en pleno siglo XXI. Mismos derechos porque nacemos iguales y mismas posibilidades de desarrollo personal y profesional.
Ayer leí unas declaraciones que me sorprendieron mucho: "Conciliar nos toca a nosotras mientras ellos se van a ver el fútbol". Es cierto que, hasta ahora, somos nosotras las que realizamos un mayor esfuerzo por conseguir la concicliación, pero no vamos a demonizar a los hombres. Cada vez hay más hombres que persiguen la conciliación y que entienden que la responsabilidad de la crianza de los hijos y del mantenimiento del hogar es compartida. En este sentido, los hombres del siglo XXI se están quitando de encima las telerañas de la educación machista adquirida para educar a sus hijos en igualdad y eliminar esa herencia nefasta.
Existen millones de mujeres que no pueden expresar su pensamiento y son vejadas constantemente, por este motivo, hoy las que podemos hablar no debemos quedar en silencio.
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