Con 38 años y un día ya puedo hacer balance sobre cómo está yendo este año nuevo. Tengo un buen amigo que dice que la noche previa a su cumpleaños es su Nochevieja particular, si sigo su esquema yo ya estoy en mi resaca después del día de Año Nuevo.
Ayer fue un buen día. Me llovieron las felicitaciones. Felicitaciones de mi familia más cercana, de la que he formado yo, de la que me crió y que es todo yo y de la que me acoge a ratos con todo su amor. La familia es importante, la familia que se siente de corazón porque hay otras familias que se llevan en el carné de identidad pero no aman.
También tuve muchas felicitaciones sinceras de personas que me quieren desde hace años. Carolina y Marta forman parte de mi vida desde mi infancia y adolescencia y he vivido con ellas muy buenos momentos, son ya parte de mi familia, de la que he ido forjando a lo largo de mis años. También tengo amigos muy fieles que están conmigo desde hace la friolera de 20 años, desde que empecé la Universidad. Jorge y Estrella son amigos leales. No nos vemos con frecuencia, incluso podemos tardar años en vernos pero nos unen lazos muy fuertes. Yo les adoro y el sentimiento es mutuo. Si hay alguna cosa que no va bien, les llamo, hablamos y me reconfortan. No pueden ser mejores y ayer me hicieron muy feliz. Hay otros amigos a los que he reencontrado en este último año, como Luis, y otras que se han hecho un hueco muy importante en mi corazón porque han estado conmigo en los últimos años, ellas lo saben. También ha habido mensajes emocionantes y emotivos que me han hecho sentir muy bien.
Fue un buen día el de ayer, me sentí muy querida y ya he hecho los propósitos de año nuevo. Más allá de intentar dominar las cada vez más presentes canas, mi objetivo es ser más feliz y este fin pasa por relativizar determinados problemas, poner remedio a lo que, aparentemente, pueda parecer irremediable y ser aún más positiva. Este año va a ser mi año. Así que a trabajar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario