Ayer el sueño me venció pronto, eran las once de la noche cuando, acurrucada en el sofá, empecé a soñar. El sueño me llevó por distintos caminos, con curvas y con rectas...como la vida misma. Recordé, entre sueños de fantasía y realidad, los momentos vividos en mi época universitaria. Esos momentos compartidos de estudio, de fiesta, de estudio...En esa época, encontré a varias personas de las que puedo presumir porque son grandes seres humanos y aunque el contacto no es diario, son amigos con los que puedo contar cada vez que lo necesito. Hoy, una de esas amigas, me ha dicho que me quiere. Es muy importante para mí, yo también la quiero a ella, por cómo es, y por estar siempre presente cuando lo necesito.
A lo largo de mi vida, ha habido personas que han ido apareciendo en mis días al mismo tiempo que otras desaparecían y, todas ellas, me han dado pistas sobre hacia dónde debía dirigir mis pasos. Ahora que soy más madura, he aprendido a sortear, más o menos, los varapalos de la vida y soy capaz de analizar esas cosas que hace 20 o 10 años me parecieron muy graves pero que, ahora, con la perspectiva de los años pasados, se quedan en anécdotas de las que he extraído el aprendizaje que me ha llevado a ser quien soy. Así que a todos, muchas gracias porque me habéis convertido en la persona que soy, con virtudes y defectos.
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